La derrota final del movimiento mapuche: Ventas y arriendo de tierras

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“Sin duda, la derrota es inminente en la coyuntura, pero no es nuestra muerte, es solo un momento amargo que nos está brindando un gran aprendizaje, espero sepamos aprovecharlo”.


Escrito Por Sergio Caniuqueo Huircapan Octubre de 2018


Sé que debo terminar otros artículos, relacionados con mi trabajo, pero hace semanas que necesito decir lo que tengo que decir, en un lenguaje duro, triste e incluso desesperanzador, pero debo decir lo que siento y pienso. Hace un tiempo atrás que comunidades y dirigentes mapuche vienen hablando sobre la posibilidad que ha comenzado a discutirse en la cámara de diputados y al interior de círculos del ejecutivo del Sebastián Piñera, y que tiene que ver con modificar la prohibición de enajenar tierra indígena, lo que está plasmado en el artículo 13, de la ley 19.253. Si bien fue el diputado Molina quien planteó esta posibilidad, cada vez fue calando más fuerte dentro de la derecha, y más sujetos se fueron sumando. La contra respuesta no ha sido tan espontánea, le ha costado, los dirigentes no han podido dar una respuesta que vaya más a la negativa de la modificación del artículo, no hay una respuesta a los aspectos estructurales que hacen que esta modificación pueda ser una realidad en el corto tiempo.

1.- El movimiento mapuche en su historia no ha podido levantar una propuesta económica propia, que le permita romper con las cadenas que lo atan a la dependencia estatal. Su falta de proyección en esta materia lo termino haciendo presa fácil. Ante una falta de alternativa económica las comunidades han tenido que acomodarse al mercado, dejando paulatinamente en los 80 la economía cerealística y ganadera, y pasando a articularse al modelo forestal. Por otro lado, el ingreso, factor clave, pasó a estar determinado por lo subsidios sociales, de ahí que muchas personas no quieran formalizar sus actividades, ya que esto les podría quitar estos subsidios, lo que genera mayor dependencia hacia el Estado. Las nuevas iniciativas de emprendimiento, vienen a paliar, o generar un ingreso combinado a través de la horticultura, la artesanía, la prestación de servicios turísticos, entre otras. En emprendimiento mayores lleva a internalizar las relaciones capitalistas al interior de la comunidad, muchas veces asalariando precariamente a familiares y vecinos. Cuando el movimiento tuvo capacidad movilizadora no logró negociar aspectos estructurales frente al Estado, con lo cual abonó el terreno para este golpe que se avecina.

2.- Si bien, muchos dirigentes hablan de los derechos colectivos o derechos de pueblo, estos no han sido analizados en términos concretos y no han sabido implementarlos a su favor, desde una perspectiva estratégica. Los derechos indígenas son insuficientes a la acción estatal, eso se sabe, pues fueron creados por los Estados y con participación de representantes indígenas, pero eso no indica que no existan elementos favorables, pues el convenio 169 de la OIT es un piso legal y no un techo. Hay una negligencia, de parte del movimiento y sus militantes, que después de 30 años de existencia del convenio 169 de la OIT, esta no se haya trabajado de manera estratégica. Hoy, y la derecha lo sabe muy bien, el reglamento de consulta, les permite negociar con las comunidades afectadas y la mayoría votara por la modificación de este artículo.

3.- Pensar que la resistencia cambiará esto es una ilusión, al contrario, nos enfrentará entre nosotros, y terminará aplastada no por el Estado, sino por la misma gente mapuche. Y esa gente tiene razones muy concretas, más allá de la ambición económica, como la representatividad de sus intereses por ejemplo, el movimiento no ha logrado representar los intereses de los asalariados mapuche que viven en comunidades, ni de las personas que no tienen títulos de propiedad y que deben depender de la posesión efectiva, lo que dificulta sus trámites para hacer inversiones, incluso de la calidad de vida. La resistencia, se ha preocupado por la lucha de la recuperación territorial, lo que es necesario, pero ha dejado de lado otras necesidades del pueblo, que son sumamente urgentes, y eso que solo hemos nombrado algunas referentes a las comunidades, no hemos mencionado a los mapuche urbanos y sus intereses.

4.- La actual composición de las comunidades adyacentes a los centros urbanos la podemos apreciar desde la calidad de vida, donde deben depender del Agua Potable Rural, sistemas que hoy han sido sobrepasados en muchos lugares y que deben combinarse con agua que entregan camiones aljibes, sin alcantarillado, calles de tierra, en algunos casos ripiados. Hoy muchas personas viven en media o un cuarto de hectáreas sin títulos, la composición social es diversa, desde obreros a profesionales, la mayoría vive de la venta de su fuerza de trabajo. Son escasos quienes viven exclusivamente de la agricultura, más de alguno tiene algún emprendimiento que va más allá de lo agrícola, como una vulcanización o taller mecánico. No pueden urbanizar porque son suelos agrícolas, existen loteos irregulares con ventas sin respaldo, es más, muchos acusan que no reciben ayudas sociales o campesinas por vivir al lado de la ciudad. Hay muchos casos que el ocupante de la tierra no es titular de la tierra, sino es parte de una herencia que involucra hermanos y sobrinos que viven en los centros urbanos.

5.- A esto le seguirán las conurbaciones entre comunas dormitorios, comunidades que se encuentran a la orilla de camino que querrán aprovechar el boom del mercado inmobiliario, a lo mejor con parcela y destinado a personas que gustan de mayor espacio, proyectos más alternativos, donde se podrían construir suburbios para la clase media alta.

La aprobación de ventas o arriendos para la inversión inmobiliaria es viable, porque se conjugan los intereses de las comunidades cercanas en mejorar su calidad de vida y la oferta, muchos imaginan tener agua potable de mejor calidad, alcantarillado, iluminación pública, calles asfaltadas, títulos de propiedad. Los precios de los predios se elevarían ostensiblemente, donde la hectárea pase 40.000.000 pesos pasen a cifras de 100.000.000 hacia arriba, esto puede ser muchos más tomando en cuenta que paga por metro cuadrado. Fácilmente comunidades que estén ubicadas estratégicamente para el mercado inmobiliario puedan vender en miles de millones de pesos. Como dijo alguien de la CONADI, hoy en esas comunidades existen millonarios en potencia. Por lo tanto, cuando se haga las consulta indígena a estas comunidades es difícil que digan que no, pues la gran mayoría pensará que pueden comprar tierras en otros sectores o en el traslado definitivo a la ciudad o los que se queden pensaran en la urbanización y poco le importará que sus tierras pierdan su calidad de agrícola, y pasen a ser urbanas.

El movimiento será derrotado y quedará como no representativo, con lo cual se puede generar una imagen de distanciamiento del pueblo. Aparecerá un lado oscuro, los costos sociales, una violencia entre quienes se opongan a vender ante un proyecto inmobiliario, tanto a nivel familiar como comunidad. Muchas personas que viven en la ciudad sentirán, frente a un proyecto inmobiliario, que es su oportunidad para mejorar sustancialmente su vida, así una sucesión será un foco de conflicto familiar, cuando alguien no quiera vender, esto irá desde la violencia verbal a la física. Mismo caso en que una comunidad se vea frente a una inversión de miles de millones, quien no quiera vender será blanco de ataques. Ya no será la violencia ni el terrorismo estatal la parte más filosa de la espada, serán nuestros propios hermanos.

Algo parecido ya se vivió en la década de los 80 en el siglo pasado, familias enfrentadas, comunidades quebradas internamente, situaciones de violencia. La diferencia es que ahora veremos comunidades desaparecer ante nuestros ojos, veremos una violencia más cruda. Veremos estafas y engaños a diestra y siniestra.

Que nos queda, aprender de esta experiencia y reinventar un nuevo movimiento que representa a la masa y sus intereses. Un movimiento más centrado en lo que nos afecta a todos respetando las particularidades, con un carácter inclusivo, con capacidad negociadora y estratégico para anteponerse al Estado y el mercado.

En lo que resta a la actualidad se debería estar analizando los puntos críticos antes mencionados y comenzar a levantar una propuesta concreta. No basta con la oposición al plan Impulso Araucanía o cualquier otro, la realidad nos exige construir una propuesta concreta, que nos permita una unificación y establecer puntos estratégicos. Hoy somos y seremos por mucho tiempo un pueblo urbano, debemos responder a esa realidad, pero sin desproteger a la ruralidad que todavía nos queda, hoy debemos atender a los aspectos estructurales y dejar de lado las discusiones de aspectos subjetivos de quien es más mapuche o si las mujeres pueden jugar palin, por aspectos como la economía y una territorialidad inclusiva. Salir de la resistencia foquista, que al final ha sido más un problema que una solución, necesitamos un recambio dirigencial que nos permita construir una nueva institucionalidad, un plan estratégico a 50 años, y la construcción de un marco de movilización que nos aglutine. De lo contrario pasaremos de pueblo a población, donde tendremos derechos a la lengua y la historia, incluso a parte de la cultura, tendremos reafirmación de la identidad, pero estaremos desprovistos de nuestros derechos colectivos, de nuestros territorios y nuestra representación política, en 10 años más seremos el 80 % de nuestra población urbana, unos 2 millones de mapuche, con comunidades envejecidas, el punto es que vamos hacer con esa realidad, vamos a esperar otra modificación para que se venda toda la tierra, eso es algo que debe ocuparnos, que demos discutir en familia, entre amigos, en comunidad, en las organizaciones en las que estemos vinculados, el activismo digital transformarlo en activismo interpersonal, las particularidad subjetiva debe estar articulada a los problemas generales del pueblo, el cuerpo y el género debe dejar de ser un discurso hedonista, un discurso de un yo, para sumarse al discurso de un nosotros. Incluso parece banal que hoy demostremos más interés en discusiones sobre conocimiento mapuche que preocupación por las bases que sostienen a un pueblo en términos materiales.

Hoy es necesario asumir responsabilidades, más que endosarlas, debemos por fin hacernos cargos o asumir que el pueblo ha hablado y que ha decidido no ser pueblo. Pero esto es algo que debemos problematizar a nivel de masa, sin duda, la derrota es inminente en la coyuntura, pero no es nuestra muerte, es solo un momento amargo que nos está brindando un gran aprendizaje, espero sepamos aprovecharlo.