Muerte de Camilo Catrillanca: Desde la Warria escribe Sebastián Calfuqueo contra el racismo y para colectivizar las luchas

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Pensando esto y luego del asesinato de Camilo Catrillanca, nada nos va a dejar tranquilos. Su muerte también supone una reivindicación de quienes estamos desde la warria, desde espacios tal vez lejanos a la lucha que viven los comuneros mapuche, pero en los que debemos con urgencia generar despliegues y colectivizar las luchas en contra del racismo ejercido por el aparato colonial del estado Chileno.


Sebastián Calfuqueo, Artista visual. Jueves 15 de Noviembre de 2018.


Ha sido un día complejo. Sigue quedando el sabor amargo de despertar sabiendo que otro de nuestros peñi ha sido asesinado por el estado chileno y su fascismo colonial imperante. Me he puesto a revisar, incontadas veces, los canales de televisión frente a tanta violencia suscitada en el Wallmapu. Miro y observo. Ninguna mención de la muerte de Camilo Catrillanca en los programas de televisión de señal abierta. Resuena más el nombre del hijo de Cecilia Bolocco que un peñi mapuche. Ante esto me pregunto: ¿Hemos resuelto el problema del racismo contra los mapuche? Nos hemos olvidado en reiteradas ocasiones de enunciar aquello, puesto que existen otras identidades que han abarcado este tema también. Pero, los cuerpos mapuche siguen ahí, acumulando cada vez más mártires que le sirven únicamente a cierto sector de la izquierda para generar un discurso progresista, pero que poco lidia con el problema estructural del reconocimiento de nuestro pueblo. Los noticiarios denominan el asesinato como “un enfrentamiento” que tuvo como consecuencia un muerto. Aquella disputa supone que estas dos fuerzas antagónicas: Estado y Mapuches, equivalen en intensidad y despliegue de armamentos. Aquellas lecturas, dispuestas a través de los medios oficiales,proponen que la muerte es producto de una reivindicación reciente, desconociendo la historia y la memoria del despojo presente en nuestro territorio.

Es más conveniente proponer una verdad a medias y generar la relatos que inculpan y proponen que la muerte de una persona, sea producto de un ajusticiamiento necesario.

Pensando en esto, veo la cifra: 400 policías paramilitares entrenados en Colombia para enfrentar el narcotráfico y el terrorismo, nuevamente suponiendo que el problema local en la Araucanía es equivalente a las violencias ejercidas en otros contextos como el de la guerrilla en Colombia. Sigo con la cifra: 400 pacos para perseguir el supuesto robo de 3 vehículos, 400 pacos dispuestos a ejercer violencia desmedida en las comunidades que trabajan por recuperar su autonomía frente al extractivismo local de empresas forestales, hidroeléctricas y también de grandes fundos que son dominados por colonos extranjeros que llegaron a usurpar territorios que históricamente le han pertenecido a nuestro pueblo.

Me preocupa esa violencia. Hace unos meses, investigando y conversando el proceso de allanamientos en territorios, pude constatar que aquellos despliegues de fuerzas desmedidas han sido normalizados por muchas personas de aquel territorio. Disrupciones cotidianas y recurrentes que llegan a ser parte de la vida de mapuche, incluyendo niños. En los allanamientos los pacos entran, como si fuese su casa, despojan, rompen, humillan y también roban lo que encuentran dentro de esos espacios. Lo digo con convicción, puesto a que muchos relatos ratifican desde diversos lugares el mismo actuar.

Este es el pago de Chile por no obedecer a un Estado que no reconoce la reivindicación de nuestro pueblo. Esa es la hegemonía del discurso colonial chileno que no quiere desligarse del dictador Pinochet, suponiendo que “Todos somos chilenos” y que todos vivimos la misma identidad nacional idílica que es funcional al sistema que han construido unos pocos. Por tanto debemos hacernos parte de este eco y continuar sirviendo a los parámetros normalizadores del mercado y el capital, así como para sus funciones coloniales.

Pensando esto y luego del asesinato de Camilo Catrillanca, nada nos va a dejar tranquilos. Su muerte también supone una reivindicación de quienes estamos desde la warria, desde espacios tal vez lejanos a la lucha que viven los comuneros mapuche, pero en los que debemos con urgencia generar despliegues y colectivizar las luchas en contra del racismo ejercido por el aparato colonial del estado Chileno.