Conflicto hidroeléctrico en Tranguil: Una historia de violencia y muerte

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“Tras el retiro de los grandes proyectos hidroeléctricos, hace algunos años hicieron su aparición, en Panguipulli, las “minicentrales”, aquellas que para la legislación ambiental generan menos de 3 megawatts. Estas no ingresan al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) y sólo realizan una denominada consulta de pertinencia. Hoy se cuentan a lo menos 8 proyectos: Desagüe Riñihue, Liquiñe, Pellaifa, Piutel, Río Hueico, Raguinlelfu, Trafun y Truful, esta última en terrenos de la reserva Huilo-Huilo, de Víctor Petermann”.

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Tranguil: Una historia de Violencia

Por Felipe Montalva (*)

Tranquil (también llamado Tranguil), en las cercanías de Liquiñe, es uno de esos sitios que no aparece en los mapas pero que, al conocerlo, impresiona por su naturaleza. Bosques encaramados a los cerros, desde donde bajan ríos y esteros rumbo a lagos como el Pellaifa y el Panguipulli.

En amargo contraste, aquí se compagina un nuevo capítulo de la contradicción entre formas productivas locales, cuando no los derechos territoriales de una comunidad mapuche, y la construcción de una central hidroeléctrica de pasada, que generaría 2,9 megawatts. El emprendimiento es propiedad de RP Global, de capitales austríacos, y se emplaza sobre el río que le da nombre al sector. La empresa también estuvo detrás de la edificación de Hidropanqui, en Curarrehue.

El libreto es conocido: Derechos de agua en manos de particulares, beneficios ofertados por la empresa y la consecuente división de los lugareños. En el caso de Tranquil, es alarmante la vulneración a los derechos humanos desde que la hidroeléctrica llegó a una comunidad más bien pacífica. La muerte de Macarena Valdés Muñoz, pareja de Rubén Collío, werken (vocero) de la Coordinación Newen Tranquil, en circunstancias aún no aclaradas, ha marcado de otro modo la historia de un proyecto que ofrecía progreso y electricidad más barata.

Sin estado de derecho

La gente llama “Crucero Tranquil” al punto donde se debe descender del bus, desde la ruta CH 201. En el puente sobre el estero El Mañío se aprecia el cableado de alta tensión que, hace algunas semanas, trabajadores de las empresas CAM y SAESA, terminaron de instalar a escasos metros del predio donde vive Rubén Collío y su familia. Ese 13 de octubre, la faena estuvo resguardada por un contingente de FFEE digno de un enfrentamiento en gran escala. Decenas de carabineros armados, en actitud de combate, apoyados por vehículos blindados y furgones. Todo contra un hombre, sus hijos, y algunos cercanos. Desarmados. Cuando Collío intentó resistir la labor de los mandados, forcejeó con los policías quedando contuso en la rodilla derecha. Es paradójico que él y su familia hayan estado bajo una cautelar dictada por el tribunal de Panguipulli, que impedía trabajos en su terreno por 60 días, tras la muerte de Macarena Valdés.

“No hay estado de derecho en Tranguil ni en Panguipulli”, enjuicia el werken, y muestra la orden con la que el contratista, que llegó a realizar la instalación de cables, pretendió autorizar su trabajo. El documento tiene fecha de 2015 y caducaba 60 días después.

No ha sido lo único. Esta es una historia llena de actos irregulares, sospechosos y contaminados de violencia. Cuando Collío se entrevistó con Patricia Morano, gobernadora provincial de Valdivia, para denunciar la brutalidad de Carabineros, esta le planteó que el accionar policial no había sido ordenado por ella, y que abriría una investigación interna.

Es necesario recordar ha habido otros casos de exceso de fuerza policial en Los Ríos, en este 2016. Que lo digan los mapuche del Lof Külche Mapu, en Lanco; o los habitantes de Neltume, especialmente sus niños; y los pescadores artesanales de Corral.

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Acciones y lenguaje

Rubén Collío, Macarena Valdés y tres de sus cuatro hijos habían llegado, hace 2 años, a la zona desde Santiago. De profesión ingeniero ambiental, en la capital participaba en redes de apoyo a las luchas mapuche. Allí también, había iniciado su labor de orfebre. El menor de la familia, cuenta Collío, fue concebido en Tranquil, un lugar que para ellos era “como estar viviendo donde otros van a vacacionar”. El terreno les fue facilitado por Mónica Paillamilla, cuyo padre, Salomón, vive a algunos kilómetros. Con un compromiso: Que lo cuidara. A la par, comenzaron clases gratuitas de mapudungun para los vecinos. Fue en esa época donde supieron de la oposición, de algunas personas de la comunidad Quillempan al proyecto de RP Global, aprobado por el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) de Los Ríos en 2012.

Los derechos de agua sobre el río Tranquil habían sido solicitados en 2008 por Pedro Ermer Jaque Araneda. Hoy existen 3 concesiones bajo denominaciones vinculadas a RP Global: RPI Chile Energías Renovables S.A. y RP Global Energías Renovables S.A. “Finalmente son gestiones para despistar”, señala Collío. “Estas empresas son especialistas para trabajar al filo de la ley”. Tras su casa corre el estero El Mañío. Cuenta que también este tiene pedidos derechos. En el caso de Panguipulli, son cerca de 135 los concedidos por la Dirección General de Aguas (DGA) para fines hidroeléctricos. La institución ha reconocido el acaparamiento que los particulares han hecho del vital elemento en desmedro de las comunidades.

RP Global llegó prometiendo lo que el estado no concreta, en un lugar donde la vida es muy dura en invierno. “Muchos acá viven con $100 mil al mes”, cuenta el werken. Añade que muchas personas trabajan en el madereo, es decir, la corta de koiwe y walle para transformarlo en durmientes.

Collío recuerda que la empresa prometió contratar a personas del sector. A su lado, Julia Quillempan narra el caso de su hermano menor, quien comenzó a trabajar como cuidador. Ella decidió oponerse cuando conoció la resistencia a la hidroeléctrica en el cercano lago Neltume. Ahí se dio cuenta que “el lenguaje, las acciones (de la empresa) eran las mismas que acá”. No fue la posición de todos. A mediados de este año, RP Global ya tenía un acuerdo con el comité de agua potable, un grupo de tejedoras, un club de adulto mayor, y una asociación de pequeños agricultores. Repartieron dinero, mercadería y alimento para animales, cuenta la comunera.

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“Existe una propuesta económica desde las comunidades, y tiene que ver con aprovechar el turismo. Atraer visitantes que quieran conocer estos bosques y ríos. Pero eso no puede combinarse con extractivismo, ni siquiera con centrales de paso. Quién va a querer ver un río entubado, o un galpón gigante, pintado de rojo”, dice. A pocos kilómetros de Tranquil están las celebradas termas de Coñaripe. “Por mi trabajo, la ingeniería ambiental te hace ver el territorio de manera holística”. Existía nexo con Trekantun, guías turísticos de Liquiñe, que van contando las historias y los elementos presentes en el territorio.

También se vulneró el convenio 169 de la OIT. La sala de máquinas se emplaza en un terreno perteneciente a la comunidad, que posee títulos de dominio desde 1919. Además, durante su construcción se destruyó, a lo menos, un eltun, un cementerio mapuche. Lo anterior fue denunciado ante el Alto Comisionado de DDHH de la ONU, en septiembre pasado.

La muerte de Macarena Valdés

Tras el retiro de los grandes proyectos hidroeléctricos, hace algunos años hicieron su aparición, en Panguipulli, las “minicentrales”, aquellas que para la legislación ambiental generan menos de 3 megawatts. Estas no ingresan al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) y sólo realizan una denominada consulta de pertinencia. Hoy se cuentan a lo menos 8 proyectos: Desagüe Riñihue, Liquiñe, Pellaifa, Piutel, Río Hueico, Raguinlelfu, Trafun y Truful, esta última en terrenos de la reserva Huilo-Huilo, de Víctor Petermann.

No obstante, con fecha 31 de agosto de 2012, mediante un oficio a Cristian Barrientos, director del Servicio de Evaluación Ambiental de Los Ríos, Paulina Steffen Aninat, en ese entonces Directora Regional de Turismo, señalaba que el proyecto HidroTranquil debía ingresar al SEIA pues se instalaba en una Zona de Interés Turístico (ZOIT), como es Panguipulli.

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El 1 de agosto pasado, miembros de la comunidad Quillempan, Coordinación Newen y otras organizaciones cortaron la ruta CH 201. Se acordó con las autoridades provinciales iniciar un proceso de diálogo. La Superintendencia del Medio Ambiente fiscalizaría las obras de RP Global. El viernes 19 se realizó una nueva reunión. Sin embargo, habían comenzado las amenazas contra el werken. Ha sido difundido que, durante ese fin de semana, 2 personas identificadas como Juan Luengo y Osvaldo Jaramillo, lugareños que trabajan para la empresa, llegaron hasta la casa de Mónica Paillamilla para plantearle que echara a Collío del predio que ocupaba por “estar revolucionando a la gente”. Al responderles la mujer que el werken contaba con su beneplácito, los hombres le dijeron que “había gente que le quería pegar”(1). El lunes 22 de agosto, Macarena Valdés apareció muerta en su casa, colgada desde una viga. El werken se encontraba fuera del predio y fue alertado por vecinos de la situación.

“Ella tenía hora en el consultorio de Liquiñe (donde llevaría a su hijo de 8 meses a control). Tenía las cosas listas para salir. Pañales, leche, una muda de ropa; dejó almuerzo preparado. Se estaba preparando para salir, no para quitarse la vida. Había negociado un chancho para festejar su cumpleaños. ¿Qué persona que se va a suicidar hace eso?” pregunta, con voz enronquecida, el werken.

Sobrecoge pensar que el hijo menor de la pareja año vio todo lo que pasó.

Sobrecoge apreciar hoy que el corral, un baño y otras dependencias de la casa fueron construidas por la mujer. Visitar el huerto que cultivaba, ahora abandonado. “La negra era una weichafe (guerrera). Tuvo un gran rol cuando fue el corte de ruta”, dice Collío, inundado por la emoción. “La autopsia no es clara sobre si fue suicidio o no. No hubo ruptura de vértebras ni daño a la tráquea. A ella la mataron, de eso no me cabe duda. Buscaban debilitarnos, desorganizarnos”.

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Genera preguntas el comportamiento de Carabineros en tal jornada. El procedimiento estuvo a cargo de Francisco Sánchez, teniente del retén de Liquiñe. “Insistió en que yo saliera de la casa. Luego andaba paséandose con la cuerda en la mano. Mucha gente lo vio”, señala el vocero mapuche. Agrega que Sánchez reaparecería al día siguiente, para la puesta del cableado por trabajadores de CAM y SAESA, en un rol que para el werken, parecía más bien de coordinación de la faena.

“Yo tengo mucha pena y rabia personal. Pero esto es una situación como pueblo; lo mío no es un caso puntual. A la gente mapuche, a la gente de este territorio, los están matando quienes tienen dinero”, dice Collío, y poniéndolo en una perspectiva histórica, añade: “Aquí han existido prácticas de amedrentamiento. La experiencia del Complejo Maderero, si lo piensas… Los trabajadores hicieron valer sus derechos, se dignificaron. Hoy pasa lo mismo, uno reclama sus derechos pero hay vulneración y muerte”.

El werken presentó una querella criminal contra quienes resulten responsables de la muerte de su mujer, a cargo de la abogada Manuela Royo. Un trámite de dicha investigación sería un metaperitaje. Sin embargo, Julia Quillempan recalca que las amenazas telefónicas se han mantenido.

Dialogar sin armas

Para Jorge Weke, werken del Koyagtug Koz Koz, existe un contraste profundo entre una cultura como la mapuche, que desea el küme mongen, el buen vivir, y lo ofertado por empresas como RP Global. “Quieren saquear bienes que pertenecen a todos”, dice. “Panguipulli posee una gran cantidad de cuencas, por eso son muchos los proyectos hidroeléctricos que quieren instalar. Luego vendrán las carreteras, las pisciculturas y las mineras. Pero como mapuche tenemos la certeza que las empresas no pueden pasar. Las comunidades están firmes”.

Pedro Cardyn, de la Red de Organizaciones Socioambientales, dice que, frente a lo que llama el “delirio energético” existe un territorio que desea el diálogo “pero el estado tiene que guardar las armas”, asevera.

A su juicio, Panguipulli es un lugar donde se construye otro tipo de economía: “Queremos trabajar con el agua, con los glaciares, con los últimos bosques milenarios. Hay experiencias de senderismo con conciencia; está la reconstrucción de la memoria del Centro Cultural de Neltume; el fortalecimiento de la huerta mapuche, por parte de Trafkintuwe y el Koyagtug Koz Koz; la construcción de una economía de bajo impacto, sustentable, basada en la reciprocidad, que quizás nos permita salir del cataclismo en que está el planeta”.

(1) Las frases entre comillas corresponden al testimonio de Mónica Paillamilla al periodista Mauricio Durán, de www.elpuelche.cl. Disponibles en la web.

(*) artículo de Felipe Montalva, publicado en revista Punto Final, el 25 de noviembre de 2016