Germán Becker y la represión al Pueblo Mapuche en las calles de Temuco. El trabajo es vida.

Comparte este artículoShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

El alcalde podrá enviar más policía, prensa y ampliar su campaña comunicacional, aun así no puede evitar la pudrición que existe en la forma de hacer su política y la injusticia social que se comete con personas que se están luchando de manera honesta y trasparente un lugar que les pertenece por el peso de la historia, porque son descendientes de quienes poblaban estos territorios mucho antes que existiera Chile, antes que el Estado invadiera estas tierras, antes de la llegada de los inmigrantes europeos y chilenos, antes de que Temuco fuera una ciudad, son la continuidad de un pueblo que se expresa en la cotidianidad.


Por Sergio Caniuqueo. Historiador Mapuche e Investigador adjunto del CIIR. Centro de Estudios Interculturales e Indígenas.  Temuco, 20 de marzo de 2018


Desde el 2011 existe una ordenanza municipal que limita el comercio ambulante en Temuco, aun así, muchas mujeres mapuche seguían trabajando al interior del perímetro que se designaba como libre de comercio ambulante, en la ciudad de Temuco. Pese a que el decreto es posterior a la ratificación del convenio 169 de la OIT, este no fue tomado en cuenta, el mismo convenio apunta a que debe operar frente a una afectación directa. En este sentido, mucha gente ve, incluso el propio alcalde, que el convenio está pensado para casos de discriminación racial, al mismo tiempo, consideran que la afectación sólo debe operar en los sectores rurales. Sin embargo, el Convenio apunta a derechos que tienen relación con el desarrollo económico de los Pueblos Originarios, esto significa que cualquier medida estatal que afecte a actividades económicas indígenas, debe operar el convenio a través de un proceso de consulta, lo cual se transforma en un proceso de negociación.

Por otro lado, muchas personas, incluyendo el alcalde, ignoran, o aun peor, ocultan, que el origen de la pobreza crónica del Pueblo Mapuche es la destrucción de su economía ganadera en el siglo XIX, la usurpación de tierras durante el siglo XIX, y la usura del comercio establecido en contra de los mapuche. Los inmigrantes europeos se les aseguro el éxito económico, a cada jefe de familia se le entregaba 40 hectáreas, más 20 por cada hijo varón, se les daba créditos blandos, aperos, herramientas y animales para producir, a diferencias de los mapuche que tuvieron que sobrevivir en el 10% de su territorio original, sin ayudas estatales, sufriendo el terrorismo de los colonos nacionales y extranjeros, en la cual el Estado de Derecho jamás funciono. A finales del siglo XIX y principios del XX hay una serie de mapuche que son muertos a tiros y golpes. Se les quita sus tierras con triquiñuelas legales, pese a ello no se invocó ninguna ley de excepción, no existieron operaciones policiales, solo existió y existe la impunidad del Estado.

Ayer me tocó presenciar en su parte final la violencia policial en contra de mujeres, en su mayoría, y hombres mapuche. Vi como mujeres mapuche se dirigieron a las puertas de la CONADI Nacional exigiendo que se protejan sus derechos, vi como lanzaban parte de su mercadería en forma de protesta ante los estupefactos ojos de los transeúntes que no podía creer el maltrato recibido y que la CONADI cerrará sus puertas. Sin duda la imagen revelaba lo atado que se encuentra gran parte de la institucionalidad estatal creada para defender a los indígenas.

Los ambulantes en Temuco no son solo mapuche, también los hay chilenos mestizos, inmigrantes afrodecendientes, y pueblos indígenas de otros países, es un gran caleidoscopio cultural. Sin embargo el ataque fue en su mayoría a los mapuche, quienes en su condición de campesinos, comercializan sus productos de esta forma, ya que no tienen muchas vías de comercialización. Muchos de estos productos son subvencionados por los propios mapuche, no agregando todo el valor de su trabajo, con el fin de que el precio sea accesible al consumidor. El comercio establecido, que principalmente las cadenas que pueden tener grandes márgenes de ganancia debido a la cantidad de producto que compran a bajo precio y que le revenden al público.

Se quiere hacer creer que el comercio establecido es garantía para mantener el derecho de los consumidores, pese a que cotidianamente nos enteramos que muchas de estas empresas se coluden en los precios para que aumenten sus ganancias, muchas de ellas presentan perdidas en sus negocios para pagar menos impuestos territoriales, pero ese ahorro no es traspasado al consumidor. El desprestigio del comercio ambulante es el desprestigio que siempre ha sembrado el rico sobre el pobre.

Becker no es la primera vez que atenta frente al comercio mapuche, lo hace cotidianamente en la feria Pinto donde las personas mapuche tienen permiso hasta las 13 horas para ofrecer sus productos a diferencias de los locatarios de la feria. También está el caso de los cochayuyeros en la cual agrego una señalética explicita para restringir el comercio de familias lafkenche.

El estado y el mercado, conducido por inmigrantes extranjeros y los descendientes de la oligarquía formada en la colonia, nos quisieron reducir de Pueblo a clase campesina, a obreros y empleados domésticos, nos quitaron toda posibilidad de desarrollo, pero aun así sobrevivimos. Lo que encarna Becker, sus ideas, viven también en un sector importante de la población que se rehúsa a ver la historia mapuche y lo que encarna aquellas mujeres que fueron reprimidas. Hay quienes quieren pensar en un orden a la europea, asumiendo que expulsando al comercio ambulante a los sectores menos visibles del centro de la ciudad se protege un espacio civilizado, se asume la lógica de esconder la basura bajo la alfombra. Es justamente esa basura la que pudre al Estado y sus instituciones, porque ahí se esconde la injusticias sociales, se alimenta el dolor de unos y la indolencia de otros.

El derecho al trabajo no es solo garantizar el tener un ingreso económico, es también poder desarrollarnos como seres humanos, en ser valorados como sujetos, con capacidad creadora, con un pasado, un presente y un futuro.

La campaña de Becker en contra del comercio ambulante es una campaña en contra del trabajo, está dirigido a un sector que se le niega sus derechos a desarrollarse y por ende su humanidad. Su campaña mediática ya no solo trata de mostrarlos como ilegales, sin garantía hacia los consumidores, ligados a delincuentes, también hoy busca estigmatizar a los comerciantes mapuche como violentos, sacando de contextos lo que realmente ocurrió, el estar defendiendo su derechos a ser tratadas como personas, buscan la garantía de poder tener un sustento para su hogar y desarrollarse con individuos, sustentan su arraigo campesino y el ser parte de un pueblo. Las mujeres que fueron reprimidas no venden mercancía, expresan sus orígenes y sensibilidades sobre la calidad de sus productos.

El alcalde podrá enviar más policía, prensa y ampliar su campaña comunicacional, aun así no puede evitar la pudrición que existe en la forma de hacer su política y la injusticia social que se comete con personas que se están luchando de manera honesta y trasparente un lugar que les pertenece por el peso de la historia, porque son descendientes de quienes poblaban estos territorios mucho antes que existiera Chile, antes que el Estado invadiera estas tierras, antes de la llegada de los inmigrantes europeos y chilenos, antes de que Temuco fuera una ciudad, son la continuidad de un pueblo que se expresa en la cotidianidad.