Skip to main content

En el contexto del acto oficial de conmemoración del Bicentenario de la Anexión de Chiloé a Chile, realizado hoy en el Fuerte San Antonio de Ancud. Comunidades y autoridades tradicionales mapuche williche de dicha comuna realizaron lectura de carta en la cual expusieron su visión sobre esta fecha
manifestando que «no puede ser solo una celebración, sino, sobre todo, un tiempo de memoria, reflexión y verdad».

Agregando que: «Con la anexión de Chiloé a la República de Chile en 1826 comenzó una segunda colonización. Bajo el discurso de la unidad nacional y de que “todos somos iguales”, se nos impuso una asimilación forzada: se cambiaron apellidos, se castigó nuestra lengua, se invisibilizó nuestra historia en las escuelas y se quebró la transmisión cultural. El juicio a los brujos de Chiloé fue una expresión brutal de esta violencia cultural, un intento de destruir nuestro conocimiento y espiritualidad».

Carta de las comunidades Williche de Chiloé
Acto de Conmemoración del Bicentenario

Mai mai pu Cacique, Lonkos, Tuncunoy (Maestra de paz), autoridades ancestrales, autoridades regionales, Alcalde saludamos respetuosamente a todas y todos quienes hoy se reúnen en este acto de conmemoración.

Como comunidades Williches del territorio de Chiloé, nos dirigimos a ustedes en esta fecha que el Estado de Chile ha definido como el Bicentenario de la anexión de nuestro archipiélago a la República. Para nuestro pueblo, esta conmemoración no puede ser solo una celebración, sino, sobre todo, un tiempo de memoria, reflexión y verdad.

Nuestra historia en este territorio es muy anterior a 1826. Desde tiempos ancestrales habitamos estas islas, sus mares, ríos y montes, organizados en Lof y Machullas, con autoridades propias, con lengua, espiritualidad y una profunda relación con la naturaleza y sus Ngen. Esa historia no comienza con la llegada de los españoles en 1567, ni con la anexión a Chile; comienza mucho antes, y sigue viva hasta hoy y hasta que el mundo sea.

Durante la colonia española sufrimos la primera gran colonización: la encomienda, la esclavitud y el despojo. Sin embargo, también existieron formas de resistencia y acuerdos que permitieron mantener parte de nuestras costumbres, nuestras tierras y nuestra organización. El levantamiento huilliche de 1712 y el fin de la encomienda en 1783 son hitos que dan cuenta de ello, al igual que la entrega de los títulos de realengo en 1824, que reconocían jurídicamente nuestras tierras.

Con la anexión de Chiloé a la República de Chile en 1826 comenzó una segunda colonización. Bajo el discurso de la unidad nacional y de que “todos somos iguales”, se nos impuso una asimilación forzada: se cambiaron apellidos, se castigó nuestra lengua, se invisibilizó nuestra historia en las escuelas y se quebró la transmisión cultural. El juicio a los brujos de Chiloé fue una expresión brutal de esta violencia cultural, un intento de destruir nuestro conocimiento y espiritualidad.

A esto se sumó, posteriormente, una tercera colonización: la entrega de nuestras tierras a colonos y empresas, la subdivisión forzada de los territorios indígenas, la aplicación de leyes que nunca nos fueron explicadas ni consultadas, y la pérdida progresiva de nuestro espacio vital. El Tratado de Tantauco sigue siendo, para nuestro pueblo, una herida abierta, un acuerdo histórico del cual jamás tuvimos garantías reales.

Hoy seguimos preguntándonos:
¿En qué grado nos independizamos realmente?
Cuando aún pagamos a empresas extranjeras por derechos básicos como el agua, la luz y los caminos; cuando el mar se concesiona a la industria salmonera; cuando se entregan concesiones mineras, eólicas y extractivas sin considerar nuestra cosmovisión ni nuestros territorios sagrados.

Reivindicamos territorios que aún nos pertenecen por derecho ancestral, como el Fundo Millanes y sectores de Butamanga, Manao, Hueihue y Lecam. Defendemos los ojos de agua, los nacimientos de ríos y los espacios donde habitan nuestros Ngen, porque allí se sostiene no sólo nuestra cultura, sino también el equilibrio del territorio para todas y todos.

Exigimos que el Estado de Chile reconozca las tierras indígenas antiguas del territorio de Ancud y de todo Chiloé, y que esta verdad sea incorporada en los relatos oficiales, en los documentos y en los actos conmemorativos. Que se cuente la verdad.

Reconocemos y honramos la organización histórica de nuestro pueblo, expresada en el Consejo General de Caciques del Butahuillimapu, institución que se remonta al siglo XVIII y que ha sostenido la defensa de nuestros derechos y nuestra identidad hasta el presente.

Pero este bicentenario no es solo memoria del dolor. También es una oportunidad para proyectar el futuro de nuestro pueblo. Nuestro aporte al universo cultural chilote, hoy llamado “patrimonio”, proviene de saberes indígenas milenarios: en la agricultura, la pesca, la medicina, alimentación, construcción, la música y la espiritualidad,.

Queremos un desarrollo con dignidad que abarque como mínimo estos 3 ámbitos

  • Kiñe: una salud intercultural real, que incorpore los conocimientos ancestrales y ejercicio la medicina de nuestros Lawentuchefe, Componedores de huesos, parteras y machis, con recursos suficientes para la correcta implementación del decreto 21 artículo 7 de La ley 20.584 sobre Modelos de Salud Intercultural que considere la prevención y la salud mental de nuestras juventudes, recuperar el respeto y cuidados de nuestros adultos mayores.;
  • Epu: una educación con pertinencia territorial, que enseñe la historia local y no quiebre la identidad de nuestras niñas, niños y jóvenes, dándoles a conocer el Territorio donde se estan creciendo su itxofill mogen, acontecimientos históricos importantes como la batalla de Chadmo, 1712, líderes figuras notables Rosario Hueicha, maestras de paz. Con textos propios, poemarios, música, material disponible en bibliotecas y centros educacionales.

Que en las mallas curriculares de carreras técnicas y universitarias se incorpore la interculturalidad como base de la enseñanza aún más en carreras del área de salud y educación. Inversión en investigación para reivindicar la historia.

  • Kila: una productividad sustentable, con apoyo y seguimiento efectivo a proyectos turísticos, agrícolas, marinos, comunitarios y culturales que respeten el territorio y fortalezcan la autonomía.
  • Rechazamos los intentos de modificar la Ley Lafquenche, que significaría un nuevo despojo al intentar arrebatarnos el derecho ancestral al mar y nuestros bordes costeros.
  • Necesitamos proyectos energeticos a baja escala y en beneficio directo para las comunidades respetando y resguardando los lugares en los cuales nuestra ritualidad y cosmovisión Williche se ve afectada.

A 200 años de la anexión de Chiloé a Chile, como pueblo williche decimos con claridad: seguimos aquí. No somos parte del pasado. Somos un pueblo vivo, con memoria, con derechos y con futuro.

Que este bicentenario no sea un acto de olvido, sino un compromiso real con la verdad, la justicia histórica y el respeto a los pueblos originarios de este territorio.

Wema trekan, primer paso, es el llamado a la unidad, a resolver las diferencias dentro de casa con puerta cerrada y nula injerencia de políticos partidarios, volver a hacer uso de nuestro Rakizuam, volver a pensar y actuar como lo que somos, Indígenas Williche de Chiloé.

Mañunto kompu che.

Comisión Bicentenario del Kawin de Comunidades y Asociaciones Williche de Ancud.