Hasta cuĆ”ndo las sociedades se hacen cómplices permitiendo y ocultando condiciones de esclavitud a travĆ©s de su silencio. Hasta cuĆ”ndo el doble discurso de los estados miembros de la ONU y el actuar intermitente de Naciones Unidas, en tĆ©rminos de denuncia internacional, sanción y reparación frente a hechos tan reprochables como lo sucedido con las temporeras que siguen desaparecidas en Chile, los jornaleros en MĆ©xico y tantos otros paĆses que evidencian claras prĆ”cticas laborales esclavizadoras -sea en mayor o menor grado- en pleno siglo XXI de manos de empresas nacionales y transnacionales. SĆ firmar tratados que rechazan las violaciones de los derechos humanos en sus distintas formas no es suficiente para erradicarlos mucho menos lo es honrar a las vĆctimas con un memorial de mĆ”rmol en la sede de Nueva York de Naciones Unidas. En otras palabras, ni matando al perro se acabarĆ” la rabia.-
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