
La espiga y el oro de la artista visual Cecilia Hormazabal , es una investigación artística que explora una parte de la historia y de la memoria fragmentada de la reducción Chanchomallin (cercanías de Carahue). A finales del siglo XIX y principios del XX, el Estado de Chile realizó una invasión a los últimos territorios mapuche libres.
Tras esto, implementó un sistema de confinamiento forzado a través de las llamadas reducciones. Estas no eran sino pequeñas parcelas de tierra, otorgadas bajo títulos de merced, que fragmentaron el territorio original, generando aislamiento social y económico.
Utilizando la analepsis (o flashback), técnica narrativa por medio de la cual se rompe con la cronología trayendo una escena del pasado, el proyecto explora las tres formas del ver o azkintun: imagen, texto y archivo.
A través de las artes visuales, la muestra propone otras maneras de contar una historia, tomando como base la cosmovisión mapuche. La propuesta busca situarse en un espacio, donde la conexión entre pasado, presente y futuro se hace palpable. Una mirada situada en el corazón de este territorio, donde la memoria y la historia se entretejen para crear un nuevo relato; una nueva forma de entender y habitar el mundo.
Desde: 25 Abril, 2026 Hasta: 23 Agosto, 2026
Lugar: MAC (Museo de Arte Contemporáneo),Sede Quinta Normal, Avenida Matucana 464, Santiago.
Entrada liberada
Inauguración: Viernes 24 de abril 19 horas
Horario exposición: Martes a domingo desde las 10:30-17:30 horas
Presentación de la obra, por Bernardo Colipan Filgueira. Poeta, Maestro en Estudios Latinoamericanos.
En la Frontera, siempre hay una conciencia que existe detrás del mirar.
Hay un impulso que mueve al ojo.
Es el momento previo que se necesita para abrir el campo visual, en donde se construirá la mirada.
Luego la Frontera observada construye una morada, que será habitada por el/la sujeto/a que mira.
Pero el Ojo fronterizo, buscará abrirse en los pliegues de la mirada que se oculta.
Se trata de volver a desatar nudos en el aprendizaje del Mirar, para empujar el Observar y tener la oportunidad de Ver.
Detrás de las opacidades y los ocultamientos del ojo colonial, se encuentra el Ser.
Lo ajeno deja de ser un objeto opaco en el campo visual del otro. Se vuelve próximo para quien es capaz de Ver, una vez que ha traspasado todos los filtros de las miradas hegemónicas.
En la pedagogía del mirar, observar y ver, aparece el/la sujeto/a con toda su fuerza, sus virtudes, alegrías y desgarros.
Nos pensamos desde un cuerpo, desde una piel, desde el lado “Otro”, desde la orilla opuesta al torreon colonial donde nos construyen deformes, vacíos de tiempos, emociones y sentidos.
Lo esencial siempre será invisible a la brutalidad del OjO capitalista y colonial.
Recordemos que en un tejido/OjO/ territorio se entrecruzan imaginarios, desgarros, denuncias, coordenadas de ternura, caminos de esperanza.
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@museomac @cecilia.hormazabal



