Lefweluan: Se levantan las prácticas y conocimientos ancestrales Mapuche

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“Nuestra tierra ha quedado adornada de colores, ha vuelto a tener sonidos. Nuestros logko (antepasados) reconocieron nuestros nombres uno a uno, nos hemos vuelto a ser hermanos y hermanas. Este es el gijatuwe, el paliwe de Lefweluan, nuestra tierra. Así lo dijo la machi”.

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Lefweluan, retoma la práctica comunitaria de su GIJATUN[1].

Elisa Loncon

Académica Universidad de Santiago

Coordinadora de RED DELPICH

Peskintulewetuy tayiñ mapu, awkingetuy. Pu kuyfike logko wirituy iñ vy kimwetuyiñ mew, peñiwtuyiñ, ñañaytuyiñ. Tvfa ta Lefweluan gijatuwe, paliwe. Tayiñ mapu.- Feypi Maci.

Dice la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (2007) en el Artículo 11,  que:

  1. Los pueblos indígenas tienen derecho a practicar y revitalizar sus tradiciones y costumbres culturales. Ello incluye el derecho a mantener, proteger y desarrollar las manifestaciones pasadas, presentes y futuras de sus culturas, como lugares arqueológicos e históricos, objetos, diseños, ceremonias, tecnologías, artes visuales e interpretativas y literaturas.
  2. Los Estados proporcionarán reparación por medio de mecanismos eficaces, que podrán incluir la restitución, establecidos conjuntamente con los pueblos indígenas, respecto de los bienes culturales, intelectuales, religiosos y espirituales de que hayan sido privados sin su consentimiento libre, previo e informado o en violación de sus leyes, tradiciones y costumbres.

Amparado en la memoria, en los derechos y en lo que reconoce Chile en la Ley Indígena, y en el Convenio 169 de la OIT, la comunidad mapuce de Lefweluan, después de casi 70 años, vuelve a su gijatuwe, al lugar tradicional de la ceremonia del gijatun y el palin; a  la práctica comunitaria para hermanarse con el kvpalme o linaje Logkomil, al que pertenecen las familias del sector. Así mismo, para reencontrarse con los gen mapu, ‘fuerzas espirituales’,  abandonadas y cuyo habitat terminó cubierto por un basural que el pueblo de Traiguen mantuvo por décadas en el sector. La ceremonia se realizó el 12 y 13 de septiembre, 2015; en ella 70 miembros de la comunidad se reunieron para manifestar la decisión de practicar su cultura; allí en el mismo espacio de los gen mapu donde lo hicieron sus abuelos y antepasados.

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Fueron dos hermosos días y una noche de estrellas, con la vía láctea transparente, donde se compartieron historias, comidas, muday. Quién lo hubiera pensado, Lefweluan parecía tan awinkado, asimilado a la cultura occidental, y ya cuando todo parecía estar perdido, la cultura originaria emerge, como brotes de la primavera, para dejar el testimonio que el mapuche vive, a pesar de todo.

Tal vez ninguno, o unos pocos, – no se sabe, si algunos de los reunidos allí, participó de la última ceremonia de gijatun realizada el año 60, por  el terremoto que afectó al sur de Chile. Eso es parte de la memoria de los comuneros, a partir del cual vuelven a reconstruir la historia y el sueño de seguir siendo mapuche, hoy en un mundo tecnológico completamente distinto a la de sus antepasados, donde la machi debe dar un tiempo para que la gente apague sus celulares y no distraigan en la comunión con Gvnecen.

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Lefweluan, ‘lugar donde corren los guanaco’ en mapuzugun, se ubica entre Lumaco y Traiguen. Ha venido destruyéndose cultural y territorialmente, a partir de la perversa superioridad cultural instalada en la guerra de ocupación dirigida por el Estado chileno, por Cornelio Saavedra, desde 1881. Lamentablemente, Chile nunca respetó el diálogo, los tratados, ni los Parlamentos con los mapuche, quienes en reiteradas ocasiones ofrecieron acuerdos para convivir. Entre ellos, también participó el gran Logkomil, logko de Lefweluan y aliado de Kvlapang, a objeto que se les respetaran sus tierras. El Gobierno en su afán de progreso, desplazó a los mapuche de su  territorio y regaló sus tierras a colonos suizos, franceses, alemanes, transformándolas el “granero de Chile”, sementeras de trigo,  que comercializaron con Australia, Nueva York y otros países,  mientras que a los mapuche se le sometió a prácticas denigrantes, incendiando sus casas, asesinado a quienes encontraban en los caminos, u ocupando su mano de obra en el cultivo del trigo.  A pesar de la resistencia, de las alianzas entre abajinos y arribanos documentada por Bengoa (1985) los mapuche no pudieron contra las armas del ejercito chileno, que recién volvía victorioso de la Guerra del Pacífico por el salitre (1879) arremetiendo en su contra desde Bío Bío al Sur.

Al perder las tierras también se perdió la cultura y llegó la pobreza económica. Las familias mapuche de Lefweluan desde los año 50 migraron a la capital, a Santiago, a Parral al cultivo de arroz, incluso hacia el norte a tierra aymara, a las minas, sólo unos poco quedaron en la comunidad. Así se perdió la ceremonia de gijatun, el palin, la lengua quedó viva en algunas familias. Las prácticas racistas contra la gente, no se hicieron esperar, desde encerronas en los caminos a dirigentes mapuche por parte de los ahora dueños de los fundos, la discriminación a los niños en las escuelas de Traiguén; y peor aún en los años 1960, Traiguen usó como vertedero el sitio mapuche ceremonial, lo que antes fue el gijatuwe y paliwe, el lugar para compartir con las divinidades se llenó de basura de los que se asumieron vencedores, la mayor afrenta para las nuevas generaciones de lefweluance.

Con la basura en medio de la comunidad, los niños se llenaron se sarna, de enfermedades a la piel, las moscas anidaron en las casas, enfermaron los ancianos, así pasaron más de 10 años; hasta que un comunero, a quien le correspondía como herencia el terreno, lo cultivo y sembró por otra década; posteriormente pasa a otro dueño, un ‘no mapuche’, quien hoy gentilmente y por petición de los dirigentes, entregó cerca de 400 metros para hacer la ceremonia.

La ceremonia realizada se llama puramgijatun, ‘reinstalación del gijatun’; porque después de tanto tiempo de interrupción no se puede hacer el gijatun sin cumplir con el protocolo mapuche de tener un rewe completo. También hubo que pedir permiso y explicar a los ‘gen mapu’ los motivos del porque no se hacia la ceremonia; además de agradecer a la tierra, entregarle semillas, granos, muday y monedas antiguas en reciprocidad por la vida y para que los ‘gen mapu’, accedieran a acompañar a los comuneros nuevamente. El evento se hizo en mapuzugun, los cantos, los yejipun, todo en mapuzugun; hubo gente, hermanos hablantes de lengua mapuche de comunidades vecinas que ayudaron, personas de Pantano, Temulemu, como el Longko Juan Pichun, otros de Malalwe, Liucura, sin su apoyo no hubiera sido posible. Las mujeres vistieron sus ropas de colores, con sus joyas de plata, jovencitas que parecían verdaderas tuymalen, o cumpaj[2] de pelo negro azabache, con su ropa de colores, con sus cintas en el pelo; volvió a sonar la acordeón para hacer el mazatun, el purun, volvió la xuxuka, el kujkuj.

Una maci vecina, Relmu maci, realizo la rogativa; a través de ella, los logko recibieron la palabra de la comunidad, agradecieron a sus hijos y dijeron que la tierra de Lefweluan aún mantiene viva su fuerza, que la tierra se vistió de colores, de sonidos. Contaron a sus hijos uno a uno, los reconocieron por sus vestidos mapuche; ante no sabían quienes eran. Les pidieron continuar unidos para aplacar el dolor que implicó ser una comunidad victima de una guerra. Dijeron que la fuerza de la tierra aún se mantiene y que lo que allí vive son fuerzas poderosas. Las divinidades pidieron además que se reinstale el ‘kemu kemu’ ( aliwen o rewe) completo, con sus escaleras y hacer la ceremonia de gijatun que instala el rewe  definitivo de la comunidad, para que la tierra se limpie de tanta mugre y del desprecio cultural, político al mapuche, que tanto dolor causó a la comunidad. Se le pidió al logko ser firme, no abandonar a su gente en esta tarea, que podrá contar con la fuerza de los antepasados pero debe ser perseverante porque el camino no está fácil.

Ahí también,  reímos con los ‘koyog’, personas enmascaradas que ponen orden en la ceremonia, inventaron historias sobre las comidas ofrendadas a los antepasados, distinguieron las preparadas por jovencitas de las cocinadas por más viejitas, hasta arroz chino y la verdura de corte de un kilómetro, resaltando siempre la generosidad de la tierra de entregar tan lindos sabores y diversidad de granos, decían “en esta tierra hay papas, arvejas, porotos, trigo”, entre otros.

Sin que nadie lo dijera, los lefweluance ‘gente de Lefweluan’ que no hablan el idioma mapuzugun supieron que una tarea imperiosa es la recuperación de la lengua, para entender los mensajes de los antepasados, de la maci, de los koyog, que es necesario conocer el protocolo del gijatun, las normas de cómo se hace. Por lo mismo, posteriormente, en el xawun ‘reunión’ se habló de la importancia de la cultura y de la lengua, que forman parte de la riqueza del pueblo y del cual todos los mapuche deben sentir orgullo, pero que así sea primero hay que aprenderlo, hablarlo. El idioma no está perdido del todo en la comunidad, hay gente que lo habla, también hay aquellos que solo lo entienden; lo importante es que hay inquietud por conocerlo y practicarlo y gente dispuesta a enseñarlo.  Así, la enseñanza de la lengua es unas de las primeras iniciativas que llevará adelante la organización.

Finalmente, quien escribe es miembro de la comunidad de Lefweluan. Se agradece al logko de la comunidad, a la directiva, a los jóvenes que tuvieron el valor de poner en agenda de la organización la valoración del ser mapuche, desde el significado más profundo, desde el mundo cultural, religioso y espiritual. Desde la mirada del mundo mapuche, que enseña que para ser comunidad es importante el idioma, el respeto a la naturaleza, la unidad de la comunidad, la enseñanza de los antepasados, y el reconocimiento de los sitios sagrados y de poder.

Notas

[1] Se  escribe el mapuzugun con Grafemario Ranguileo, por ocupar una letra para cada sonido, por ser de escritura mas ágil y ser más autónoma del castellano. En este : x es tr, v es vocal ü, g es ng; j es ll, h es n dental, b es l dental, y c corresponde a ch.

[2] Tuymalen, Cumpaj, mujer mítica, divinidad mapuche dueña del río, del mar, aunque también hay cumpaj hombre. Según relato son de pelo rubio, largo y se aparecen en los ríos o en la playa, para cautivar una pareja  hombre o mujer, a quien se lo llevan a las profundidades después de un pago en enseres a la familia.