Lengua y Emancipación Nacional, por Viktor Naqill Gomez

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marcha mapu

Marcha por la oficialización del Mapuzungun 2015 / Simona Mayo

Por: Viktor Naqill Gomez[1]

“Mapuche reke felefuy: zugufuy ta mapuzugun ka

tukukefuy ta makuñ chiripa egu ka ñi logko fütrafuy.

Agustín Montero”.[2]

El 19 de febrero se realizará en Temuko una nueva edición de la marcha por el mapuzugun. La actividad contempla este año, además de la marcha propiamente tal, un acto cultural y, por primera vez, un lefkantun. Este encuentro anual, que podemos desde ya considerar como una jornada del mapuzugun, reúne un amplio abanico de organizaciones, grupos y personas.

La movilización por el mapuzugun muestra algunas características que merecen ser destacadas. En primer lugar, su apertura a la población chilena del Wallmapu. No se trata de un movimiento de resistencia o repliegue en el grupo, de una acción entre mapuche, sino que se ofrece a todos compartir lo más propio de nuestra cultura: nuestra lengua. En segundo lugar, la cooperación que se ha establecido entre estructuras y organizaciones mapuche, tales como la Femae-Estudiantes Wajmapu, la Inarumen Mapuzugun Wallmapu mew (Academia Nacional de la Lengua Mapuche), la Comunidad de Historia Mapuche, o Wallmapuwen, que rompe con esa tradición de sectarismos, personalismos y caudillismos que tanto daño han hecho siempre al movimiento mapuche. A ello se suma la participación militante de artistas de la diáspora, como Wechekeche ñi Trawün, Luanko o Daniela Millalew entre otros, y finalmente Kimeltuwe, respaldando todo y a todos con sus excelentes y creativos materiales didácticos.[3]  Esta cooperación se expresa en particular en la realización de los internados lingüísticos, uno de los procesos más notables de movilización para la revitalización de nuestra lengua. Internados que se han realizado tanto en Gulumapu como en Pwelmapu, apostando por un mapuzugun sin fronteras. Todo ello demuestra que la dispersión puede superarse en la medida que exista coincidencia en puntos estratégicos, pero sobre todo voluntad de avanzar juntos. La situación crítica del mapuzugun no admite otra conducta.

La movilización por la lengua ha contribuido a que la demanda por su oficialización haya sido acogida por dos municipios, Galvarino, el 7 de agosto de 2013, y Padre Las Casas, el 21 de octubre de 2014, así como por el Consejo Regional de La Araucanía, quien aprobó, en votación unánime el 18 de marzo de 2015, la oficialización regional del mapuzungun. La Contraloría General de la República, por su parte, no encontró objeción alguna ni en lo que concierne a la oficialización del mapuzugun a nivel municipal como tampoco a nivel de la región de La Araucanía.[4] Ahora solo resta la publicación del reglamento por parte de la Intendencia Regional. Veremos entonces que tan real será esta oficialización y los recursos con que contará para su implementación.

La movilización por la lengua tiene, además, una importancia de alcance estratégico. La lengua constituye, junto al territorio, el fundamento de un movimiento nacional, por lo que la emancipación del pueblo mapuche solo tendrá un carácter nacional si el mapuzugun acompaña su liberación. El mapuzugun solo podrá sobrevivir y proyectarse si su revitalización se enmarca en un proyecto societal. Solo si se ata en un haz al pueblo mapuche, al Wallmapu y el mapuzugun.

Una bandera, incluso los mapas del Wallmapu nos proyectan al mundo como nación, pero solo nuestra lengua, el mapuzugun, nos hace y nos hará sentirnos una nación.

1.- Mapuzugun y pueblo mapuche

El mapuzugun es la lengua del pueblo mapuche. Nuestra lengua nos define como pueblo y nos distingue de los demás pueblos del mundo. Todos los pueblos y culturas están relacionados en primer lugar con un idioma, y el nuestro es el mapuzugun.

Sin embargo, vivimos una vida nacional anómala. Mientras para otros pueblos tener una nacionalidad junto a una lengua es normal, en nuestro caso ello no coincide. La mayoría de nuestro pueblo, incluyéndonos, se reivindica mapuche pero no posee el mapuzugun, o solo de manera parcial.

Los mapuche que pretenden que «nosotros sí que somos interculturales», lo hacen bajo la suposición que hablar castellano y estar inserto en la sociedad chilena es un hecho intercultural. Sin embargo, lo que ese hecho realmente expresa es la asimilación, la que hemos vivido como pueblo y como individuos, ya que la adquisición del castellano y la inserción en la sociedad chilena se han hecho generalmente a costa de la pérdida del mapuzugun. En condiciones de opresión nacional el bilingüismo es la antesala de la desaparición de la lengua subordinada.

Mientras el mapuzugun fue una lengua de amplio uso social, incluso lengua franca en una amplia zona del cono sur de América, como tal no jugaba ningún papel en la conformación de una identidad colectiva global. Pero con la subordinación política y la imposición del castellano, la lengua adquirió a lo largo del siglo XX una función simbólica de primera importancia.

El mapuzugun articula nuestra diversidad. Las denominaciones gentilicias lafkenche, naqche, wenteche, pewenche, ragkülche, y williche dan cuenta de nuestra diversidad. Lo que une esta variedad de caracteres es el mapuzugun. Tan así que todas estas denominaciones son propias del mapuzugun. Nuestra lengua es la «fuerza centrípeta» que mantiene nuestra visión conjunta de pueblo. Por sobre nuestras diferencias de procedencia territorial, creencias, de condición social, de identidad personal, de concepciones políticas o filosóficas, el mapuzugun es de todos, pertenece a todos. Es el principal elemento de nuestra cultura que todos los mapuche y todos los ciudadanos de País Mapuche podemos compartir, y que puede compartir la diáspora con el Wallmapu. De allí la importancia del mapuzugun como cimiento de cohesión social, tanto a nivel del pueblo mapuche como en el Wallmapu.

La desaparición de la lengua conllevaría a la folklorización de nuestra cultura y finalmente a su muerte. La revitalización del mapuzugun es sobre todo creación, lo que impulsa su modernización. Es además la única manera de desarrollar una cultura nacional mapuche. Sin la lengua la condición de mapuche será un gentilicio pero no una nacionalidad.

Una pieza clave para la revitalización del mapuzugun es su estandarización. Esto es así pues, como toda lengua, la lengua mapuche es en realidad un conjunto de variedades dialectales. Cuando escuchamos la expresión «variante de tal lengua», remite a la idea de que existe un núcleo central que constituye la lengua y en su entorno variedades que más o menos se le parecen. Esto sin embargo no es así. Cuando una lengua se estandariza se elige una variante. La variante escogida adquirirá fuerza por la escritura, pero en la realidad oral las variantes seguirán su curso, incluso teóricamente pueden aparecer otras nuevas. La fijación de una lengua contribuye a su fortalecimiento, no a su debilitamiento.

La estandarización del mapuzugun implica entonces una forma de escritura. Esta cuestión, básica si queremos exigir que la toponimia, los nombres y apellidos, la señalética, sean escritos en nuestra lengua, y, sobre todo, que se use en la enseñanza y en la administración, no está resuelta. El debate sobre los llamados «alfabetos» mapuche es estéril y patético. Cualquiera que sea la ortografía que se utilice para escribir el mapuzugun (Ragilew, Unificado, etc.), el alfabeto es siempre el latino. Desde el punto de vista de los signos no hay nada que indique que una forma de escritura es «más mapuche» que la otra. Luego, las diferencias de las propuestas se reducen a la base a nueve sonidos de 26. Debatimos horas cómo escribir mapuzugun, pero no invertimos un minuto en hacerlo, y cuando lo hacemos ni siquiera respetamos los principios que con tanto ardor hemos defendido. La mayoría de las veces ni la propia toponimia mapuche la escribimos en mapuche; incluso llegamos a ser celosos de escribirla bien castellanizada, como Temuco, con «c» en lugar de Temuko con «k». Para qué hablar del resto.

En un contexto de alfabetización masiva, no dotar al mapuzugun de una forma de escritura, no darle una herramienta para que compita en igualdad de condiciones con el castellano es cerrarle la posibilidad de funcionar adecuadamente en toda la sociedad. Es urgente encontrar un camino que nos permita llegar a establecer un alfabeto consensuado. Si no es así, simplemente la forma en que más se escriba es la que se impondrá en la sociedad.

La escritura no es una adversaria de la oralidad. No es la expresión artificial y fría de la lengua, mientras la oralidad refleja lo «natural» y emotivo de ella. Una pieza teatral que observamos, puede ser expuesta con tonos de voces y movimientos de cuerpo que le dan fuerza a la representación, ello sin duda que provocará sentimientos y reacciones cuando escuchamos. Pero del mismo modo, un pasaje de novela donde se describen paisajes que no vemos pero imaginamos también nos expresan algo. De hecho muchas veces, sumidos en nuestra lectura, nos imaginamos una voz narrando (con tonos y estilos) que no es nuestra propia voz. Tanto la lengua hablada como la lengua escrita son capaces de darnos grandes sensaciones. ¿Son estas sensaciones rivales entre sí? De ningún modo. La escritura es un instrumento más, que contribuye a ensanchar las capacidades de la lengua, aumenta sus posibilidades comunicativas y emotivas.

Del propio mapuzugun sabríamos menos si no se le hubiera escrito. De no ser así los relativamente abundantes nütram, epew o kollaq recopilados en mapuzugun a fines del siglo XIX y principios del XX, no habrían llegado hasta nosotros. Las experiencias del joven Manuel Mañkelef o los kollaq recopilados y transcritos por Elías Nekul en las islas de Chillwe, nos serían en absoluto desconocidos. En este último caso en particular, habríamos carecido de las únicas piezas literarias antiguas en mapuzugun de Chillwe; en otras palabras, no tendríamos nada.

Con la escritura la lengua comienza a ocupar nuevos espacios, la difusión fortalece a la lengua. Negarse a la escritura es impedirle su expansión, es negarle otros espacios para cultivar la imaginación y el conocimiento. Reducirla solo a algunos espacios «orales» es castrarla y, en la situación en que se encuentra nuestra lengua hoy, condenarla a muerte. Aquellos espacios que no ocupe el mapuzugun los ocupará el castellano, y si el mapuzugun no es capaz de estar en todos, desaparecerá.

2.- Mapuzugun y Wallmapu

El mapuzugun es la lengua propia del Wallmapu. Aunque aplastado hoy por el castellano, como resultado de la dominación nacional y colonial que sufrimos como pueblo y país, la lengua mapuche caracteriza y singulariza al País Mapuche respecto de los territorios de su entorno y de los demás países del mundo. El Wallmapu es el país del mapuzugun.

Como nación tenemos un vínculo histórico con el Wallmapu, que se sustenta en el mapuzugun, hablado y desarrollado en estas tierras, donde el reflejo en la toponimia es el eco, la huella del idioma en la geografía. Charles Darwin observaba, durante una excursión cuando visitó Chillwe en 1834: «Llevaba como guía a un hombre que conocía perfectamente el país; no podíamos atravesar un arroyo, una caleta o una lengua de tierra sin que me diera, con exceso de pormenores, el nombre indio del lugar. Lo mismo que en Tierra del Fuego, el lenguaje de los indios parece adaptarse admirablemente para designar los caracteres más ínfimos del paisaje».[5]

En el Wallmapu antiguo el mapuzugun fue la lengua predominante, incluso para los españoles enclavados en él. En el País Mapuche que se mantuvo independiente hasta fines del siglo XIX, el extranjero que se avecindaba aprendía la lengua y se adaptaba a la cultura mapuche. Pero, con la invasión del Estado chileno y la oleada colonizadora, la sociedad, la cultura y la lengua mapuche quedaron subordinadas a la cultura chilena de lengua castellana. Si el mapuzugun ha desaparecido en algunas áreas en las décadas recientes, o bien su presencia es débil, existe consciencia colectiva, sin embargo, que nuestra lengua está ligada a este territorio. Éste y no otro cobija el pasado y el futuro de nuestra nación.

Wallmapu es hoy un país dominado y explotado nacionalmente. Pero sigue siendo el País Mapuche. Si nuestro objetivo es el autogobierno del pueblo mapuche en Wallmapu, ello pasa por la creación de una región autónoma mapuche en el marco del Estado chileno, por la autonomía territorial política del País Mapuche.[6] Que gobernemos o participemos en el gobierno de la región dependerá de la capacidad del movimiento nacional mapuche para reforzar el carácter y la presencia mapuche en ella, por un lado, y por otro de la capacidad para atraer e integrar en este proyecto de construcción de un País Mapuche autónomo a todos quienes, independientemente de su origen étnico, estén dispuestos a apoyarlo y participar. El autogobierno es un largo combate.

Reconocemos que en Wallmapu hay dos (¿o más?) culturas, pero estas están lejos de vivir en relaciones de igualdad ni existe interculturalidad. Siendo más rigurosos, la interculturalidad no existe como hecho social, ni en Wallmapu ni en ninguna parte. Si sintetizamos la realidad cultural del País Mapuche en el mapuzugun, observamos que este vive una situación de subordinación respecto al castellano que lo tienen camino a la desaparición. En la escuela el mapuzugun se enseña en niveles mínimos, que no revierte la situación de pérdida. En la administración y en los medios de comunicación prácticamente no se utiliza.

La asimilación (cultural y lingüística) podemos constatarla históricamente. Que hoy se implementen acciones para revertir tal situación no supone que el proceso haya frenado. En general, las medidas que se han adoptado no son susceptibles de revertir el proceso. Si sobre este cuadro de asimilación definimos además nuestra política como «intercultural» (que solo suponemos que existe) o una estrategia a medio camino entre lo mapuche y lo chileno, se hace difícil construir un Wallmapu con una personalidad propia, tanto cultural como política. Un Wallmapu plurinacional y multicultural, que es decir a «medio camino», será cualquier cosa menos un Wallmapu mapuche.

En un plano más estratégico, debemos reflexionar cómo hacer que en el futuro el mapuzugun sea la lengua común en el Wallmapu, la lengua de todos y para todo. Hoy la cultura y la lengua mapuche no tienen la fuerza de atracción para que ese proceso sea real. Observamos en los últimos años un gran interés de la población chilena por el mapuzugun. Ello es muy positivo, aunque todavía no se transforme en un elemento de atracción decisivo. Si ello no ocurre, lo mapuche como realidad minoritaria podrá existir en este territorio, pero no alcanzará la cristalización nacional.

En el Wallmapu se escuchan voces mapuche y chilenas que hablan de «mapuchizar» la región. Pero al parecer se trata más bien de gestos simbólicos. No creemos que la oficialidad de la lengua o la devolución de las tierras estén en su horizonte mapuchizador. Lo mapuche es más bien una «marca autóctona» a vender. Si la mapuchización es solo estética no es muy útil. La única mapuchización posible será de la mano del mapuzugun.

3.- Mapuzugun y emancipación nacional

La lengua le da el carácter nacional a la emancipación del pueblo mapuche, pero esta asociación no es automática. El vínculo solo es posible en la medida que el movimiento mapuche le asigne al mapuzugun un rol central en su concepción de nación y País Mapuche.

 El surgimiento de un amplio movimiento en torno a la lengua propia constituye una particularidad del movimiento mapuche. Sin negar la existencia de múltiples iniciativas para mantener, desarrollar o revitalizar diversas lenguas indígenas en diferentes países del continente, no en todas parte estas acciones aparecen formando parte de una reivindicación política global, que asocie, como en nuestro caso, la revitalización y desarrollo de la lengua con la recuperación territorial y el derecho a la autodeterminación. Sobre todo no se observa que otros movimientos estén llevando la reivindicación de la lengua a la calle, como lo hacemos nosotros.

El cosmovisionismo [7] reinante a nivel de muchas organizaciones indígenas del continente (y también en parte del movimiento mapuche), detrás de un profuso uso de categorías tomadas del repertorio New Age como «madre naturaleza», «madre tierra», «espiritualidad», «religión», «armonía» o «equilibrio», relega a un papel secundario cuando no ignora simplemente la reivindicación por las lenguas propias. El «Mandato de la Primera Cumbre Continental de Mujeres Indígenas de Abya Yala», reunido en el marco de la IV Cumbre Continental en Perú, es revelador al respecto. El texto, bastante extenso, abunda en «cosmovisión» y «cosmogónicos» pero no hace ninguna referencia, directa ni indirecta, a las lenguas propias. Lo que no deja de sorprender si se considera que, según el mismo «Mandato», son las mujeres quienes serían las «portadoras» y «trasmisoras de la identidad».[8] Lo mismo se puede decir de la «Declaración de los pueblos indígenas», emitida durante el Foro Social Mundial realizado en Belem, Brasil, en 2009. Si en las apenas dos páginas que tiene la declaración, «Madre Tierra» aparece siete veces, con calcos casi literales de la supuesta «Carta del Jefe Seattle» («Pertenecemos a la Madre Tierra, no somos dueños…»),[9]  no hay mención alguna tampoco a lenguas o idiomas propios.[10]  Como si la identidad de un pueblo pudiese existir sin su lengua, que es la base de su cultura.

Cuando se trata de un movimiento anticolonial o de descolonización, como los que hubo en África en la segunda mitad del siglo XX, por ejemplo, puede concebirse que no se apoye en una lengua propia, puesto que por lo general hay varias en el territorio por descolonizar. Hay que considerar, además, que las fronteras de las colonias fueron fijadas, como es lógico, por las potencias coloniales. Es en ese marco territorial y político que se dará el combate por la emancipación y, una vez alcanzada, se construirá el Estado y desde éste se intentará crear un sentimiento nacional. Ni Frantz Fanon ni Amílcar Cabral, por ejemplo, asignan papel alguno a las lenguas africanas en la conformación de las nuevas naciones que surgen de la emancipación de los territorios bajo tutela colonial. Para ellos la cuestión de la lengua es un tema marginal, dando por sentado en el fondo que la lengua en base a la cual se edificará el Estado nación en África será la lengua del colonizador. Finalmente, la construcción del Estado postcolonial se hará en el marco de las fronteras definidas por el colonizador y, salvo algunas excepciones, con la lengua del colonizador. Paradojalmente, mucho más que de la colonización europea, el avance del inglés, del francés y del portugués en desmedro de las lenguas africanas ha sido obra de los Estados independientes. Lo mismo podemos decir de los Estados americanos.

Un movimiento nacional o de emancipación nacional, por su parte, puede ser al mismo tiempo un movimiento de descolonización pero siempre se distinguirá de éste por el papel que tiene la lengua en la definición de la nación, e incluso en la delimitación del país propio. Un movimiento nacional no solo se apoya en primer lugar en la lengua para definir la nación, sino que establece él mismo cuales son las fronteras del país propio, que pueden o no coincidir con una división administrativa o política del Estado. Es el caso de los movimientos nacionales de Euskal Herria, de Catalunya o de Corsica. En cuanto al nacionalismo kurdo, la extensión territorial de la lengua kurda es incluso el único criterio para delimitar el territorio del Kurdistán, repartido así entre cuatro Estados y que no corresponde a ninguna entidad política que haya existido en el pasado. Pues la lengua propia contribuye a dotar de un carácter nacional a movimientos que en sin ella se reducirían a un regionalismo sin mayor transcendencia o simplemente no existirían.

Las experiencias de revitalización lingüística exitosas en el mundo nos muestran que tras de ellas no solo existe una voluntad colectiva, sino también movilización y decisiones políticas. De hecho el vínculo entre lengua y nación no es «natural», no es la lengua que forma la conciencia nacional del pueblo que se reivindica como nación, sino la conciencia nacional y política que «crea» la lengua.[11] Por ejemplo, el euskera, la lengua vasca, alcanzó una importante función comunicativa (aumento del uso social) cuando el nacionalismo la definió como la principal seña de la identidad vasca.[12] Algunos lingüistas, sin entrar a hacer valoraciones políticas, no soslayan el hecho que el nacionalismo ha contribuido en la mayoría de los casos a la defensa y revitalización lingüística.[13] Del mismo modo, que el mapuzugun se consolide como la lengua de la nación mapuche y de un Wallmapu autónomo, derivará de las decisiones y movilizaciones políticas de hoy.

La revitalización en todos los casos ha implicado «enganchar» a la lengua en la modernidad, y ello implica ocupar espacios de la que quedó excluida en siglos anteriores. Este proceso solo puede ser impulsado por un movimiento de emancipación nacional portador de un proyecto político, que es también societal, ya que la lengua no se utiliza solo en algunos compartimentos de la sociedad sino en todos. No es casualidad que en todas las experiencias de autogobierno de territorios con lengua propia, esta tenga una importancia central que se expresa a menudo en su cooficialidad en el territorio con la lengua del Estado, e incluso en su oficialidad exclusiva. Es el caso de las islas Åland, provincia autónoma de Finlandia, donde el único idioma oficial es el sueco. Las comunidades autonómicas del Estado español con lengua propia (Euskadi, Catalunya, Illes Balears, País Valencià y Galiza), además de la cooficialidad de la lengua propia con el castellano oficial del Estado que establecen los respectivos estatutos de autonomía, se han dotado de sendas leyes de normalización lingüística, que regulan el uso de la lengua en la educación, la administración, los medios de comunicación, e incluso en el mercado.[14]

Como movimiento nacional el interés superior es la proyección de la lengua mapuche. Nadie puede situarse por sobre este objetivo nacional ni pretender usar el idioma para ganar pequeñas batallas intranscendentes. Debemos estar conscientes que las políticas lingüísticas son siempre un tema delicado. Por ello, debemos evitar usar el mapuzugun como objeto de discordia interna y neutralizar las provocaciones externas, haciendo pedagogía, sumando fuerzas. Debemos obrar para que el movimiento por el mapuzugun sea lo más amplio e inclusivo posible, libre, múltiple y creativo como lo ha sido hasta ahora.

4.- Medidas estratégicas

Una política lingüística nacional mapuche debe basarse en el principio de que el mapuzugun es la lengua propia del pueblo mapuche y la lengua propia de Wallmapu. Debe por tanto estar dirigida a toda la población mapuche, en Wallmapu y en la diáspora, y a toda la población de Wallmapu, mapuche y chilena. El objetivo de la lucha nacional en el terreno lingüístico, es que todos los mapuche y todos los habitantes del Wallmapu conozcan el mapuzugun, y quienes quieran practicarlo puedan hacerlo plenamente en un País Mapuche en que se pueda vivir en mapuzugun.

Aunque nuestra política lingüística se dirige también a la diáspora, ella es fundamentalmente territorialista, pues su principal objetivo es asegurar la proyección del mapuzugun en el Wallmapu. Frente a una visión comunitarista de la revitalización de nuestra lengua (el mapuzugun para los mapuche solamente), de repliegue en el gueto étnico, se ha impuesto en los hechos una visión territorialista (el mapuzugun para todos los habitantes de Wallmapu), la única susceptible no solamente de proyectar nuestro idioma, sino que de proyectarnos como pueblo.[15] O bien nos vemos como una minoría (étnica, nacional, cultural o indígena) de Chile, sin país propio, y en ese caso organizamos espacios separados, reductos como lo eran las reducciones, no en Wallmapu, que como país ya no tendría sentido, sino a lo largo de todo el Estado chileno, allí donde haya población mapuche. O bien nos asumimos como una nación, con su propio país, y por lo tanto nos constituimos como un movimiento de emancipación nacional, nos autocentramos en el Wallmapu y actuamos para reforzar su carácter mapuche.

La lengua necesita una base territorial para su desarrollo, no lo hace en el aire. Las estrategias más exitosas para la preservación o revitalización de una lengua son por ello aquellas que se basan en el principio de territorialidad lingüística. La territorialidad lingüística otorga un estatus a la lengua de un territorio específico, territorio en el cual toda la población tiene el derecho a acceder a esa lengua y el deber de aprenderla.[16] Suiza, por ejemplo, donde el principio de territorialidad lingüística está garantizado jurídica y políticamente, está dividida en tres zonas (de lengua alemana, de lengua francesa y de lengua italiana), cada una con una sola lengua oficial y de enseñanza. La provincia de Quebec, en Canadá, es la única que tiene por sola lengua oficial al francés, mientras el Estado federal es bilingüe inglés-francés y que la casi totalidad de las demás provincias tiene por sola lengua, de hecho u oficial, al inglés. En Bélgica también se aplica el principio de territorialidad lingüística, con la Región Flamenca (Flandes) de idioma neerlandés, la Región Valona (Valonia) de idioma francés, menos algunas comunas en la frontera con Alemania que son de lengua alemana, y Bruselas, bilingüe francés-neerlandés.

Como en todas las experiencias donde la lengua de un pueblo está en juego, su introducción en el sistema educativo, no solo como asignatura sino que como lengua de enseñanza, es determinante. Si hablamos de mapuchizar la educación en Wallmapu, ello se podrá medir en el avance que haga nuestra lengua en ese terreno. No tiene sentido construir guetos étnicos o lingüísticos, escuelas exclusivas mapuche o universidades mapuche. Los guetos educativos y lingüísticos son como los parlamentos indígenas que se proponen o las reducciones derivadas de la ocupación y colonización del País Mapuche: no son para integrar sino para excluir y marginar.

En términos prácticos, una política lingüística se despliega mediante una planificación lingüística, la cual cubre dos campos: la planificación del corpus de la lengua y la planificación del estatus de la lengua.

La planificación del corpus implica una intervención «técnica» deliberada en el mapuzugun. Para ello la Academia de la Lengua Mapuche debe orientar su trabajo a cuatro aspectos fundamentales:

1.- Propiciar un acuerdo entre los actores interesados para estandarizar el idioma.

2.- Elaboración de una gramática de la lengua mapuche en mapuzugun.

3.- Elaboración de un diccionario de la lengua mapuche en mapuzugun.

4.- Creación de nuevas palabras o neologismos que permitan hablar del mundo moderno desde el mapuzungun.

La planificación del estatus tiene por objetivo normar y promover el uso del mapuzugun en el espacio público, tanto a nivel administrativo como social. Entre los principales objetivos a alcanzar, dos se destacan y son prioritarios:

1º. — Oficialización regional del mapuzugun. El mapuzugun debe tener carácter oficial en Wallmapu, junto con el castellano. La oficialización es el valor jurídico que se le otorga a una lengua y que tiene dos implicancias centrales: a) todos los actos efectuados en la lengua oficial tienen un valor jurídico, y b) la población tiene el derecho de utilizar y el deber de conocer la lengua oficializada.

2º. — Incorporación del mapuzugun en el sistema educacional del Wallmapu, tanto como asignatura que como lengua de enseñanza. Ello se podría hacer a través de la implementación de un sistema compuesto de tres opciones: a) enseñanza en castellano como lengua vehicular con mapuzugun como asignatura; b) enseñanza en castellano y mapuzugun y con ambas lenguas como asignaturas; c) enseñanza en mapuzugun como lengua vehicular (inmersión) con castellano como asignatura.

Debemos entender que el futuro del mapuzugun, su grado de difusión y el lugar que llegue a ocupar en el Wallmapu, dependen de manera determinante de su inclusión como lengua de enseñanza –y más precisamente, de su grado de inclusión– en el sistema educativo.

Para que la incorporación de la lengua mapuche en el sistema de enseñanza sea posible, es necesario, en primer lugar, la creación en la UFRO u otra universidad local, de la carrera de pedagogía en mapuzugun. Es necesaria además, como respaldo y para consolidar el estatus de la lengua en el sistema de enseñanza local y en el Wallmapu en general, la creación, en alguna de las universidades locales, de una estructura para la formación en lingüística a nivel de post grado.

Una estrategia de revitalización de la lengua basada en la inmersión debe, para que sea eficaz a largo plazo, concernir en primer lugar a los niños, iniciándose  a partir de parvularia. Debe entonces crearse una mención mapuzugun y cultura mapuche en las instituciones de la región que imparten la carrera de educación de párvulos.

Que la oficialización regional del mapuzugun y su incorporación en el sistema educacional del Wallmapu sean claves, no significa que lo demás no tenga importancia. Todo lo que se ha hecho hasta ahora es importante, se ha avanzado, y todo lo que podamos hacer ahora y en el futuro también lo será.

Debemos hacer que el mapuzugun se incorpore en los medios de comunicación del Wallmapu. Ellos significa no solo que la lengua mapuche tenga espacio en los medios de difusión en castellano, sino que debemos dotarnos de nuestros propios medios de difusión en mapuzugun: radios en mapuzugun, que sería lo más factible para comenzar y desde lejos lo que tendría más impacto; televisión en mapuzugun; edición en mapuzugun a través de nuestras propias editoriales, lo mismo para la música y producción audiovisual.

En cuanto al uso del mapuzugun en internet y redes sociales, es de entera responsabilidad nuestra. Y está claro que no hacemos lo suficiente; hay sitios mapuche donde la lengua está prácticamente ausente, y cuando está, a menudo es con la ortografía castellana o simplemente escrita de cualquier manera, sin ningún rigor (con la notable excepción de Kimeltuwe). No es muy coherente exigir al Estado espacios para el mapuzugun y no utilizarlo en nuestros propios espacios.

También hay que avanzar en la toponimia mapuche del Wallmapu. Nada nos impide recuperar y comenzar a utilizar desde ya la toponimia mapuche, allí donde ha sido reemplazada por la toponimia impuesta por la colonización. Como Mallolafken en lugar de lago Villarrica y Rukapillañ por el volcán. También los nombres mapuche de comunas y pueblos del País Mapuche. Por ejemplo, utilizar Traytrayko en lugar de Nueva Imperial, o Weychanwe por Padre Las Casas.[17]

En el mismo sentido debemos promover la restauración de los nombres propios mapuche, hoy transformados en apellidos. No debemos olvidar que los apellidos mapuche son palabras mapuche, escritas con las normas del castellano y por lo general deformadas. Del mismo modo que con la toponimia, nada nos impide hacer uso de los apellidos restaurados y escritos por lo menos con los signos comunes a todas las ortografías propuestas (como es el uso de las letras w, k, y). Escribir, por ejemplo, Wentelikan en lugar de Huentelicán, Kuramilla por Curamil.

El uso de la escritura propia le da a la lengua mayor impronta y fuerza. Pero, para que todo lo anterior tenga respaldo legal y jurídico, que es lo que en definitiva está en juego, tenemos pendiente estandarizar nuestra lengua, y en particular fijar su norma ortográfica.

El trabajo a favor de la lengua, además de arduo y vasto, es también integral. Como lo es toda lucha de emancipación nacional. Que solo puede ser realizada con voluntad colectiva.

Roazhon (Breizh), 15 fewreru konchi küyen 2016.

Bibliografía y fuentes citadas

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Tejerina Montaña, Benjamín 1992. — Nacionalismo y lengua: Los procesos de cambio lingüístico en el País Vasco. – Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas & Siglo XXI, 1992, xv+365 p.

Wallmapuwen 2006. — Ti nacionalismo mapuche politiku zugu reke: Chumgechi taiñ zeumagetual ti zugu nacional mapuche/El Nacionalismo mapuche como Programa Político: Programa de reconstrucción nacional mapuche. – Temuko, noviembre küyen 2006, 44 p.

Zabaltza Pérez-Nievas, Xavier 2010. — Historia de las lenguas y los nacionalismos. – Barcelona: Gedisa, 2010, 288 p.

[1] El autor es militante de Wallmapuwen. Candidato a Doctor en Ciencia Política por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), con la tesis De la Raza a la Nación, de la Tierra al País: Comunitarismo y nacionalismo en el movimiento mapuche, 1910-2010. En preparación el libro Mapuzugun, la lengua del País Mapuche: Su historia y su futuro. – viktornaqill@gmail.com.

[2] Agustín Montero se refiere a su antepasado Juan de Dios Montero, soldado wigka que no solo se «hizo mapuche» sino que dio origen a un importante linaje en el poderoso territorio de Makewe. Cf. A. Montero (1912), «Maripag Montero ñi che, Makewe mew/La familia de Maripag Montero, de Makewe», in: T. Guevara, Las últimas familias y costumbres araucanas, Santiago de Chile, 1913, p. 115.

[3] Se trata de Víctor Karülafken, responsable de los textos en mapuzugun, y del dibujante bajo seudónimo de Fiestóforo.

[4] Cf. Contraloría General de la República, Dictamen nº 45.010, de 20 de junio 2014: Municipalidad de Galvarino puede dar reconocimiento oficial, en la respectiva comuna, al idioma mapuzugun, siempre que se cumplan las condiciones que indica; y Dictamen nº 90.466, de 13 de noviembre de 2015: Gobierno Regional de La Araucanía puede dictar un reglamento para regular el reconocimiento oficial del idioma mapuzugun en el respectivo territorio, en la medida que se cumplan las condiciones que indica.

[5] C. Darwin (1839), Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, Buenos Aires, 1945, p. 47.

[6] La propuesta de transformar a la actual región de La Araucanía en una «región plurinacional y multicultural», planteada a fines de 2014 por la Comisión Asesora Presidencial en Descentralización y Desarrollo Regional, no es en absoluto lo mismo (Cf. Comisión Asesora Presidencial en Descentralización y Desarrollo Regional (2014), Propuesta de Política de Estado y Agenda para la Descentralización y el Desarrollo Territorial de Chile, Santiago de Chile, 7 de octubre de 2014, p. 35). Por otra parte, tanto el Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen, en 1990, como el programa de Wallmapuwen, de 2006, proponen una región mapuche autónoma y no una región plurinacional y multicultural con estatuto particular. Además, la propuesta de la Comisión Asesora Presidencial incluye la creación de escaños reservados –principal mecanismo del comunitarismo político– «para los ciudadanos indígenas», y ello en los consejos municipales, los concejos regionales, cámara de diputados y senado. Más que una propuesta territorialista, se trata en realidad de un comunitarismo territorializado. Cf. CEDM Liwen (1990), «Cuestión mapuche, descentralización del Estado y autonomía regional», in: «Seminario Utopía indígena, colonialismo y evangelización», Tópicos ’90, Santiago de Chile, octubre 1990, nº 1; Wallmapuwen (2006), Ti nacionalismo mapuche politiku zugu reke/El Nacionalismo mapuche como Programa Político, Temuko, noviembre küyen 2006.

[7] Tomamos el concepto y sus derivados de J. Ancán Jara (2004), «El discurso cosmovisionista mapuche contemporáneo: Entre la autonomía y el exotismo», in: Azkintuwe, Temuko, 2005, nº 14, p. 21.

[8] Mesa Conductora de la Primera Cumbre Continental de Mujeres Indígenas (2009), «Mandato Primera Cumbre Continental de Mujeres Indígenas de Abya Yala», Puno, Perú, 28 de mayo de 2009.

[9] Para una perspectiva crítica ver M.-J. Schwarz (2010), «El cuento de la carta del Jefe Seattle», in: El Retorno de los charlatanes, 6 de febrero de 2010.

[10] Foro Social Mundial (2009), «Declaración de los pueblos indígenas», Belem, 1º de febrero de 2009.

[11] X. Zabaltza Pérez-Nievas (2010), Historia de las lenguas y los nacionalismos, Barcelona, 2010.

[12] B. Tejerina Montaña (1992), Nacionalismo y lengua, Madrid, 1992.

[13] C. Hagège (2000), «Une langue disparaît tous les quinze jours», in: L’Express, Paris, 2 novembre 2000.

[14] T. Benedikter (2007), The World’s working regional autonomies, New Delhi, 2007.

[15] V. Naqill (2013), «Entre comunitarismo y nacionalismo», in: Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, Santiago de Compostela, 2013, vol. 12, nº 1.

[16] J. A. de Obieta Chalbaud (1985), El Derecho humano de la autodeterminación de los pueblos, Madrid, 1985.

[17] El nombre Traytrayko es reconocido por la gente de la zona. En el caso de Weychanwe lo hemos tomado de D. R. Meliqueo (2014), «El municipio debe oficializar el mapuzugun en la comuna», in: El Padrelascasino, Padre Las Casas, octubre de 2014, p. 10.