viernes, julio 19, 2024

Piropos, cumplidos o halagos, machismo invisible por donde se mire… (Por Carola Pinchulef Calfucura)

Piropos, cumplidos o halagos, machismo invisible por donde se mire…

 

 

Por Carola Pinchulef C.

Públicado en el Periódico OPCIÓN

Nº 302 Ecuador 01 al 15 de mayo 2015.

Fuente: http://issuu.com/periodicopcion/docs/opcion_302_peque

 

 

Por qué será que los llamados “piropos”, “cumplidos” o “halagos”, en la actualidad son considerados una molestia para un número considerable de mujeres, contrario a lo que muchxs pudieran pensar esta situación tiene una explicación, que va más allá de la idea de “no tener sentido del humor” o en el peor de los escenarios a que somos unas “histéricas exageradas”, como más de algunxs han argumentado en su momento. 

 

Ahora le lanzo la pelota a usted, sí a usted, usted que está leyendo en estos momentos mi columna. Ha hecho el ejercicio de preguntarse ¿por qué a muchas mujeres nos causa incomodidad el ser piropeadas? Lo más seguro es que no se ha tomado el tiempo de cuestionárselo o tal vez no hasta un segundo atrás. Sí ya lo hizo, lx felicito. Aunque sus argumentos quizás disten mucho de los míos.

 

Que los piropos son considerados una práctica cultural milenaria presente en muchas sociedades, lo acepto como verdad. El que a algunas mujeres les guste que las piropeen, aunque yo personalmente no esté de acuerdo con ellas, respeto su opinión. Sin embargo, lo que no estoy dispuesta a tolerar es el fin último del piropo, según “los expertos piropólogos”, quienes argumentan que es una manera “sana” de ensalzar y/o exagerar la belleza del sexo femenino a través del lenguaje verbal. Entiéndase por piropólogos a los hombres que gustan de lanzar frases verbales, sean estas ingeniosas, rebuscadas e incluso grotescas y con connotación sexual, a las mujeres en el espacio público sin solicitud previa o consentimiento por parte de ellas.

 

Según la justificación anterior, se sugiere que las mujeres debemos asentir el que hombres desconocidos o incluso conocidos aunque no cercanos tengan la patudez (osadía), por decirlo de una forma suave, de hacer un comentario sobre nuestra persona ya sea para resaltar alguna característica física o hablar sobre nuestro vestuario sin habernos pedido nuestra opinión. Eso no es todo, a ello agréguele que no solo debemos tragarnos con humor dicha glosa, sino que también debemos hacerlas partes de nuestra cotidianeidad.

 

En otras palabras, lo que nos están pidiendo estos “machos recios” o “galanes piroperos” es invisibilizar otra forma de violencia de género como resultan ser los piropos, también denominados micromachismos; formas de dominación y violencia masculina en pequeñas dosis hacia el sexo opuesto. Este tipo de machismo invisible ha sido naturalizado no solo por los hombres sino también por las propias mujeres. En el caso de las mujeres pro piropos, la explicación radica en que en ellas operan conductas sutiles de machismo; es decir, estas agresiones verbales o acoso callejero como se conoce hoy está normalizado y resultan imperceptibles por el común de la población femenina. 

 

Volviendo a la pregunta expuesta al inicio de este artículo, sea sincerx y respóndase mentalmente. Usted ha dedicado unos minutos a reflexionar lo incómodo que es para una mujer no poder caminar por la calle tranquilamente, porque a un “machito o un grupo de machitos” en el momento menos pensado se le da la gana de hablar en voz alta y lanzarle un comentario de cualquier tipo.

Permítame invitarlo a pasar al banquillo de los acusados, esto no quiere decir que sea considerado un “piropólogo» ni mucho menos que deba sentirse intimidado frente a mis consultas, son solo preguntas de rigor que tienen como fin una autoevaluación con relación a su comportamiento frente a los piropos. Por favor sea honestx en sus respuestas. ¿Usted ha sido piropeadx alguna vez? Sí la respuesta es sí, ¿cuál fue su reacción? Increpó a su agresor/a, lx ignoró o le sonrió. ¿Conoce a alguien cercano que ha experimentado un escenario de este tipo? Sí la respuesta fue afirmativa, ¿le preguntó cómo se sintió? o simplemente le causó gracia su comentario.

 

Para concluir con la interpelación, ¿usted ha piropeado a un hombre o mujer en la calle? Sí su respuesta es no, se ganó más de un aplauso. Sí es positiva, estamos en problemas, más bien usted está en aprietos. En párrafos anteriores, argumento que los piropos al estar naturalizados se han convertido en una forma de violencia de género invisibilizada. La razón, es porque ellos se enmarcan en un tipo de agresión tan sutil que pasa desapercibida escondiéndose o bien disfrazándose de galantería del arte verbal. Sin embargo, sí “lxs piropólogos” se dieran el trabajo de pensar antes de actuar entenderían que su acto de “finura verbal” no solo violenta la dignidad de las mujeres sino que también el derecho al libre tránsito en el espacio público.-

 

 

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