Desde las primeras presentaciones en peñas y espacios comunitarios a los diversos escenarios de La Araucanía, mi recorrido ha tejido entre folk, rock alternativo y ülkantun mapuche. La conmemoración del Wiñoy Tripantü en compañía de Kontrakultura Teatro marca un hito donde lo ancestral y lo contemporáneo dialogan en igualdad, y el mapuzugun figura como un puente entre las culturas.
Por Meli Newen
FUENTE: Mapuexpress
En estos muchos años de caminar he transitado por distintas “escenas” y lenguajes, desde mis primeras presentaciones hasta la consolidación de mis discos solista. Del taller para niños guiado por la maestra folclorista, Rayen De Zuñiga. A agrupaciones como Fei Muten (bajista) y Matta (guitarra acústica, bombo legüero, voz), conociendo desde dentro la autogestión y la fuerza contracultural del hardcore punk.
Más tarde, con Raginwenu exploré el rock alternativo, buscando nuevas fusiones que se acercaran a la lírica y la identidad mapuche. Con Poeta Muerto (2017-2018) me sumé a la potencia del punk rock en la escena independiente temucana. Cada una de estas experiencias me enseñó algo distinto: la energía de la rebeldía, la potencia de la colectividad, la necesidad de explorar nuevos lenguajes.
A la fecha, he participado en escenarios, por nombrar algunos: Centro Cultural Padre Las Casas, CC de Villarrica, en Osorno junto a Tata Barahona, teloneando a Evelyn Cornejo en Temuco y a Sol y Lluvia en el estadio de Imperial, Festival del Huillín en Werere. También en peñas y en los campos. Cada uno de esos espacios ha sido parte de mi aprendizaje y experiencia.
Con KOLLONG, en mi más reciente participación en el Teatro Municipal de Temuco, este recorrido se transforma en un nuevo hito para un proyecto musical que revitaliza el mapuzungun, el kimün y el feyentuwün mapunche, en el diálogo con la performance y el arte escénico contemporáneo, y que se abre como un aporte a la cultura local.
Este año celebré también mis diez años de camino en Casa Varas. Desde mi primera presentación en 2014 en el hogar mapuche Pelontuwe, al lanzamiento de Dewman en 2019 y CHEKUNTU en 2024, cada etapa ha sido un aprendizaje. No un recorrido lineal, sino un cúmulo de experiencias que me han formado como músico y como che.
No se trata sólo de mi desarrollo como trabajador del arte o individuo, sino, de cómo este camino cumple con contribuir a ampliar la diversidad y el trabajo artístico musical mapuche en La Araucanía, mostrando que el Wallmapu es también un territorio de creación, donde lo ancestral y lo contemporánea dialogan y se proyectan hacia el futuro.
Este semestre ha sido de solemnidad y ceremonia. En febrero canté por el día de la lengua materna, en marzo recibimos el otoño y conmemoramos a la poesía junto a Rayen Kvyeh. Celebramos, también, el día del trabajador y la primera luna llena de mayo. Y el 19 de junio, dimos inicio a las conmemoraciones por una vuelta más al sol.
Estamos en tiempos de Wiñoy Tripantu, cuando la naturaleza nos recuerda que todo renace y que cada ciclo abre la posibilidad de un nuevo comienzo. Este evento no ha sido solo una programación cultural: es parte de ese renacer, un encuentro que une música, teatro y feyentuwün mapunche, invitándonos a mirar juntos hacia adelante.
Junto a la compañía Kotrakultura Teatro, hemos alcanzado un nuevo hito, la fecha en el Teatro Municipal de Temuco no fue solo una obra teatral: ha sido un paso más en un camino que busca unir a mayores audiencias con la espiritualidad mapuche, el arte con la memoria, lo personal con lo colectivo.
Un paso más, porque abre un espacio donde la identidad social mapuche y la otredad, dialogan en igualdad. Que este montaje haya aparecido desde un pewma y mi camino en el mapuzungun con un kuymin de machi, lo sitúa en el principio del norzungu, la acción correcta; que es también el reconocimiento de quienes nos precedieron y el compromiso con quienes vendrán.
KOLLONG ha estado en múltiples escenarios desde junio de 2022 y en ese recorrido la dimensión comunitaria ha sido esencial. Por eso en esta ocasión quisiera destacar la rotación del elenco, el afán y la entrega de las juventudes participantes, nos demuestra su potencial como escuela-taller y nos recuerda que la cultura se alimenta de la reciprocidad, del compartir y el agradecer. Gracias por aquello.
Invito así a la comunidad, a las instituciones, a las familias, a todas las personas a ser parte de esta conmemoración, porque cada vez que celebramos el “Wiñoy Tripantü” reafirmamos que la memoria es la fuerzas que nos proyectan hacia el futuro, y que el arte, cuando se enraíza, se convierte en un acto de resistencia, belleza y esperanza.
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