Rebelión popular contra los genocidas de Chile: fiel reflejo de la crisis de un modelo

Una imagen se ha repetido desde que comenzó el estallido social en Chile. Manifestantes destruyendo las estatuas y bustos de los fundadores del país. Concepción, Valdivia, Cañete o La Serena fueron testigos de cómo las estatuas que durante décadas se habían mantenido erigidas en el centro de las principales plazas del país, ahora son volcadas y destruidas. Para algunos simple vandalismo, para otros expresión de la justicia social. Pero ¿qué hay detrás del ataque a los referentes históricos y fundadores de Chile durante las protestas?

Por Víctor Parra Villalobos – Fuente: resumen.cl

En la plaza Pedro de Valdivia, de la ciudad de Valdivia, fue destruida la estatua de Pedro de Valdivia, el fundador de Chile. Para más remate, luego la estatua fue colgada en el puente Pedro de Valdivia. Para entender esta inusitada violencia contra el considerado como fundador de Chile, para la historia institucional y oficial, tenemos que ir a los orígenes coloniales del país y de todo el continente.

En la ciudad del norte de Chile La Serena destruyeron busto de un conquistador y pusieron una del pueblo Diaguita.

América Latina se estructura, desde los inicios de la conquista hasta la actualidad, según un patrón colonial. Desde su llegada los europeos se impusieron a los pueblos originarios a sangre y fuego, estructurando al planeta, según una división racial de la humanidad. Esta estructura de dominación significó el menosprecio y la eliminación de parte importante de la cultura y la población originaria mediante la esclavitud y la masacre. Por suerte, pese a los intentos del Estado por glorificar a los líderes de esta masacre, nombrandolos los fundadores de Chile y levantando monumentos en su honra, se ha mantenido en la conciencia de los pueblos originarios, así como en la conciencia popular y mestiza, la idea de que estos conquistadores españoles representan algo despreciable e inmoral.

En Temuco fue colgada la cabeza de un colonizador en el busto de Caupolicán, guerrero mapuche. Fuente: Araucanía Online

Esta conciencia por fin pudo manifestarse a rienda suelta durante el estallido social que sacude todo el país. Cientos aprovecharon la revuelta y que la policía estaba sobrepasada, para cumplir su anhelado sueño, destruir a los estandartes de la colonización, es decir símbolos del genocidio y la injusticia histórica en este territorio del planeta.

En Concepción, ciudad que representó durante siglos la frontera de la guerra entre el pueblo mapuche y la corona española (y luego del Estado Chileno) fue destruido el busto de Pedro de Valdivia y colgado del cuello de la estatua del mapuche Lautaro. Así el fundador de Chile era nuevamente masacrado por el más respetado y admirado estratega militar mapuche. En La Serena, al norte de Chile, fue eliminada una estatua de Francisco de Aguirre, uno de los primeros gobernadores del país, y puesta en su lugar una estatua del pueblo diaguita. En Cañete, en la zona sur del país, con presencia mapuche, fue destruida la estatua del fundador de la ciudad, García Hurtado de Mendoza y también de Pedro de Valdivia. Mientras que en Temuco manifestantes colgaron la cabeza de Valdivia en los brazos de una estatua del guerrero mapuche Caupolicán. Además se registraron otros ataques a colonizadores en Valdivia o Collipulli.

En la ciudad de Valdivia fue destruido el busto de Pedro de Valdivia, extraído de la plaza y el puente del mismo nombre del colonizador. Fuente: publimetro

La historia oficial de Chile, está llena de asesinos catalogados como héroes o sujetos históricos de relevancia. Por eso no llama la atención que los y las manifestantes ataquen estos símbolos de poder que representan el origen histórico de las desigualdades y la injusticia en el país.

Sin embargo, la destrucción de estatuas no solo tiene un origen anti-colonial. También parecen tener un sentimiento anti-republicano, ya que la figura del principal «héroe de la patria» Bernardo O’Higgins, el «libertador» del yugo español, también ha sido atacado. No se logró salvar ni el patriota más emblemático de Chile y fundador de la república. Hay casos tanto Los Ángeles, como en la ciudad de Valdivia, en donde el busto fue quemado y hasta lanzado a una barricada.

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Se debe recordar que cuando los colonizadores fueron expulsados, llegaron los «libertadores de la patria» que accedieron al mando de las nacientes repúblicas y Estados-Nación americanos. Crearon un sistema en donde gobernaban quienes dominaban de forma más natural la cultura europea, es decir los hombres de la elite, blancos y de familias ricas. La estructura de dominación racial-colonial, patriarcal y de clase se mantuvo intacta, aún con los «héroes» liberales de la independencia en el poder, y más cuando los monárquicos encubiertos como Diego Portales accedieron al poder.
Mención especial para la destrucción en la ciudad de Punta Arenas del busto de Menéndez Braun, catalogado como autor material e intelectual del genocidio de los pueblos patagónicos en pleno siglo XX. Hecho que nos recuerda como el racismo ha persistido bestialmente hasta épocas recientes. En donde el ejemplo actual de la represión al pueblo mapuche es el caso más contingente.

 

Menéndez Braun en el suelo en Punta Arenas, uno de los lideres del genocidio contra los pueblos originarios de la patagonia chilena

Y es que como lo dijo el recientemente fallecido sociólogo peruano Aníbal Quijano, existe en toda América latina una colonialidad del poder, un patrón transversal y continuo de dominación en donde sigue siendo importante si tu apellido es alemán, español o mapuche a la hora de encontrar oportunidades y salir adelante. En donde siguen siendo las modas de otros contextos y territorios, como gringolandia o Europa, los patrones que se pretenden instalar como más legítimos. Un eurocentrismo que ejerce una violencia simbólica y material frente a la cultura y el territorio marcado por una identidad mayoritariamente popular y mestiza.

Estatuas de Colonizadores destruidas y pintadas en Cañete. Fuente: Aukin

Por eso la caída de los ídolos en Chile por parte de los y las manifestantes es un reflejo de querer cambiar las cosas profundamente y re-significar potentemente la historia oficial. Expresión popular, mestiza o mapuche, contra el Estado y su origen colonial y genocida, así como legítimo símbolo de rebeldía y protesta social. Sin duda una manifestación de justicia histórica que deja patente la crisis general del modelo, así como la necesidad de cambiarlo de raíz. Porque la caída de los genocidas quienes han sido mostrados como «ídolos» en la historia oficial de Chile, es un fiel reflejo de la crisis de un modelo entero.