Pensar la autonomía mapuche en salud, o la persistencia del dispositivo intercultural

 
La reflexión en salud colectiva desde el Pueblo Mapuche y las organizaciones Mapuche en salud -actuales y futuras- deberá problematizar si se continúa administrando la atención oficial de los padecimientos desde la óptica del mercado y la jerga neoliberal.
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Imagen: Andrés Cuyul y Francisca Cabral, Buenos Aires – Fotografía: Simona Mayo

Pensar la Autonomía Mapuche en salud o la persistencia del dispositivo intercultural.

 

Andrés Cuyul Soto (1)

 

Desde fines de los años noventa hemos presenciado en Chile la proliferación del discurso sobre la interculturalidad, centrada principalmente en ideas fuerza como la “armonización de relaciones” o un “encuentro entre culturas”, sus saberes y prácticas entre Pueblos Indígenas y sociedades como la Chilena. Este discurso caló tempranamente en el Sistema de Salud Chileno permeado por sucesivas reformas neoliberales que han transformado gradualmente a la atención de salud oficial en mercancía (Tetelboin, 2003), despojándola de sus atributos en tanto Derecho Social; proceso de neoliberalización que fue iniciado en la dictadura cívico-militar (1973-1990) y sostenido luego por los gobiernos de la Concertación (1990-2010). En ese marco se introduce la noción de “interculturalidad en salud” por parte de la política de Salud Chilena en tanto “acción afirmativa” (2) que tendería a equiparar la brecha sanitaria y cultural existente en Chile en relación a sociedades y respuesta social en salud en la dimensión de los Servicios de Salud.

Esta interculturalidad en salud en Chile aborda la “transversalización del enfoque intercultural” a través de acciones como “alimentación tradicional” en los centros de salud, “armonización de modelos médicos” -que incluye incorporación de sanadores tradicionales Mapuche en centros de salud-, “diseños arquitectónicos con pertinencia cultural”, o la promoción de “huertos medicinales” en las Comunidades Mapuche (Orígenes-BID); todo parte de un nuevo dispositivo de salud que se expresa en combinaciones variadas de recursos que alteran el funcionamiento organizacional en los servicios de salud, pero que finalmente no forman parte de la estructura de las organizaciones de salud (Campos, 1998), tampoco de un cambio en los procesos de trabajo vivo en salud en tanto producción de subjetividad en los miembros de la tecnoburocracia sanitaria. Es así como la política especial de salud no interviene sobre la atención de salud precarizada y de estrato “indigente”, en la escasez de tierras, la contaminación letal de los territorios por la actividad extractiva (ejemplo: monoforestal); ni en la pobreza y exclusión determinados por el despojo territorial-material histórico. Todas estas cuestiones son dimensiones integrantes de un küme mongen (buen vivir) y que son invisibilizadas por la política de salud en tanto no son problematizadas ni abordadas.

Por otro lado, existe una relación de condicionamiento de la política de Salud Chilena al desarrollo de iniciativas institucionales de salud de parte de organizaciones Mapuche que a partir de una fuerte crítica al sistema de salud por la invisibilización y atención precarizada de salud de las familias Mapuche. Dicho condicionamiento se refleja en: i) obligación de firmar convenios anuales para que un instrumento legal ilegítimo de privatización de la atención de salud (DFL36/año 80) habilite al Ministerio de Salud financiar “prestaciones de salud”, ii) notificar acciones de Salud Mapuche para acceder a financiamiento, iii) acceder a auditorías y controles correctivos del funcionamiento de los centros de salud a cargo de las organizaciones Mapuche de tal forma de salvaguardar el correcto funcionamiento del modelo biomédico al interior de estas experiencias. Esta situación se ha visto con claridad en el caso de Organizaciones Mapuche que administran el Hospital Makewe y el Centro de Salud Boroa Filulawen respectivamente, que son experiencias donde he colaborado en sus inicios, donde cualquier posibilidad de aumentar la autonomía en el desarrollo de las experiencias es corregido por la norma, la institucionalidad ajena y sus agentes correctivos o de “represión anticipada” (Nievas, 1999:92). Para el Ministerio de Salud Chileno, el asumir la noción de interculturalidad en tanto “relaciones de aprendizaje entre culturas” es funcional a dicha dominación. Respecto de la “Salud Intercultural” desde el Ministerio de Salud se señala: “Es una estrategia transversal que considera, utiliza y potencia conocimientos y prácticas en torno al proceso salud-enfermedad atención tanto de la medicina oficial como de las medicinas indígenas” entendiendo a la interculturalidad como “relación de comunicación y aprendizaje entre culturas en condiciones de legitimidad mutua e igualdad” (Sáez, 2008:6).

De esta manera, la interculturalidad se concibe de manera superficial, como si se tratara de relevar la salud de las comunidades -determinada histórica y socialmente- a promover supuestas relaciones armónicas entre sistemas médicos y culturas que en la realidad se encuentran en permanentes dinámicas de hegemonía/subalternidad. Las relaciones culturales han funcionado en contextos de dominación, de explotación, de hegemonía/subalternidad, y esto se dio y se sigue dando (Menéndez, 2006). Eduardo Menéndez, analizando este fenómeno, señala que la interculturalidad planteada en términos de respeto, tolerancia y cooperación mutua entre grupos es interesante como deseo, sin embargo considera que se torna una visión reduccionista de la realidad (Menéndez, 2006:52), como vemos en el caso Mapuche – Estado chileno.

Para la política de Salud Intercultural Chilena, la tolerancia del otro –un cambio sólo en el nivel de las actitudes– es considerado como suficiente para permitir que la sociedad nacional (y monocultural) funcione sin mayor conflicto, problema o resistencia, es decir, de manera intercultural. Pero, “además de obviar la dimensión relacional, esta atención a la tolerancia como eje del problema multicultural oculta la permanencia de las desigualdades e inequidades sociales que no permiten a todos los grupos relacionarse equitativamente y participar activamente en la sociedad, dejando así intactas las estructuras e instituciones que privilegian a unos sobre otros” (Walsh, 2000). Por el contrario, la noción de salud intercultural fomentada por las políticas de salud neoliberales responde a una visión funcionalista y cosificante de cultura, despojándola de dinámicas relacionales entre colectividades/naciones; despojando del análisis sobre el complejo salud/enfermedad/atención de su determinación material respecto del territorio y las relaciones socioespirituales y políticas que allí se combinan.

En la Araucanía, la persistencia del basural a cielo abierto emplazado en las Comunidades Mapuche del sector Boyeko es paradigmático en el sentido de obviar la determinación social de la salud (3) de las Comunidades Mapuche, toda vez que el Sistema de Salud Municipal junto con la Universidad de la Frontera lejos de promover la erradicación del vertedero que ha funcionado por más de 20 años afectando la salud integral de las familias de las comunidades aledañas, decidan instalar como compensación un Centro de Salud en Boyeko con atención intercultural (4). De hecho, no está en los objetivos del “Centro de Salud Intercultural” el estudiar, evidenciar y tratar el daño actual, generacional y posterior que ha producido, afecta y afectará en las familias el funcionamiento del vertedero. Son conocidos los efectos de los vertederos como la contaminación de las aguas superficiales (esteros) y napas subterráneas (pozos de agua) por filtración de lixiviados sin tratar producto del depósito de la basura (estos líquidos contienen compuestos tóxicos y cancerígenos), malos olores, muerte de ganado menor, plagas de vectores como ratones y moscas. A esto se suma la progresiva “muerte social” de la comunidad y estigmatización de las familias aledañas al vertedero, la imposibilidad de vender sus productos como hortalizas, los conflictos internos que desata por la oposición o acuerdo con el funcionamiento del vertedero y los eventuales beneficios económicos derivados de la basura, etc. (Cuyul & San Martín, 2001; Seguel, 2003).

Con este ejemplo no sólo quiero graficar la utilización de la noción de “Salud Intercultural” para sostener la dominación y subalternización de las Comunidades, sino señalar que no existe en sí misma una “Salud Intercultural”, más bien existen situaciones, escenarios de relaciones interculturales donde el sector salud se inserta en tanto sistema de salud hegemónico distinto a los demás sistemas médicos como el Mapuche o el popular; escenarios caracterizadas por la tensión entre condiciones de vida y salud; inequidades y relaciones de hegemonía/subalternidad entre modelos médicos y colectivos que son necesarios de analizar y abordar desde una perspectiva que considere la determinación sociohistórica de la salud. Desde el Estado, el tratamiento hegemónico del concepto alude a sus propias acciones y  programas focalizados para Indígenas que promueven “encuentros”, “diálogos”, “comunicación en igualdad” entre modelos médicos mediante seminarios, talleres, o promoción de “armonización” de sistemas médicos como parte de la “salud intercultural”, lo que más bien tiene fines integracionistas de carácter neocolonial que alimenta ideológicamente a una nueva y vigorosa “etnoburocracia” (Boccara & Bolados 2008) en el campo de la salud oficial y en el dominio privado (consultoras).

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(Publicación parte del libro impreso Mapuexpress)