jueves, febrero 22, 2024

Indios de Hollywood versus mapuche autonomistas

Joaquín Fermandois, historiador (Dr.) de la Universidad Católica de Chile, nos ha regalado otra de sus reflexiones sobre la cuestión nacional mapuche, en el Mercurio el martes 12 de abril (2016). En ella, construye un “hombre de paja”, al cual llama indistintamente a través del texto: “misioneros de evangelios indigenistas”, “nacionalistas extremistas” o “indios de Hollywood”; atribuyéndole argumentos ficticios, que luego refuta convenientemente. A continuación algunos de esos argumentos y mis comentarios.

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Por José A. Marimán – Fuente: eldesconcierto.cl

Joaquín Fermandois, historiador-(Dr.) de la Universidad Católica de Chile, nos ha regalado otra de sus reflexiones sobre la cuestión nacional mapuche, en el Mercurio el martes 12 de abril (2016). En ella, construye un “hombre de paja”, al cual llama indistintamente a través del texto: “misioneros de evangelios indigenistas”, “nacionalistas extremistas” o “indios de Hollywood”; atribuyéndole argumentos ficticios, que luego refuta convenientemente. A continuación algunos de esos argumentos y mis comentarios.

PRIMERO. Nos dice que hay quienes proponen “…separar a los mapuches del cuerpo de Chile para que expresen su verdadera identidad, ahora oprimida y falsificada por casi quinientos años de mestizaje e inmigración”. No obstante, no identifica autor alguno sosteniendo tal idea, ni incluye citas específicas como evidencia de la existencia de tal supuesta idea. Empero, se da maña para señalar a la academia, a las ONGs y/a los funcionarios internacionales (todos exteriores al mundo mapuche), como promotores de estas ideas, en la sociedad estato nacional y mapuche.

Este argumento es falaz al menos por dos razones. Una de ellas es que el mundo de la academia, las ONGs y los funcionarios internacionales es diverso. Hay actores que sostienen tesis solidarias a las demandas de los pueblos indígenas o al menos expresan valores de bienvenida al multiculturalismo (José Bengoa, por ejemplo), así como otros promueven mitos nacionalistas fundacionales, vendiéndonos la idea un “cuerpo de Chile”, que expresaría fusiones de pueblos y culturas acrisolados en una nueva patria: el Estado-nación chileno (Fermandois, por ejemplo).

Y es más, en ese mundo –por desgracia- los que empatizan con los pueblos indígenas son los menos. En Chile la mayoría de los académicos (de derecha o de izquierda), y especialmente entre ellos quienes escriben, han estados embobados por décadas con el crecimiento de Chile (aplaudiéndolo o criticándolo), y han prestado poca o nada de atención a los pueblos indígenas y sus demandas, viéndolos como reminiscencias del pasado: “arcaicos”. Y lo mismo ocurre con funcionarios internacionales, como lo demuestra la toma de la CEPAL por mapuche el 2010-11, que generó un debate enorme dentro de la institución, en el cual muchos estaban por el desalojo. También hay historias de desencuentros entre funcionarios de ONGs y pueblos indígenas, arraigadas en las visiones de cada cual respecto de preservar o explotar recursos reclamados como propios por los pueblos indígenas (expoliados o usurpados a ellos con anterioridad). Ejemplo, en los primeros tiempos de la defensa del Rio Biobio por ecologistas, ante la construcción de hidroeléctricas, la población mapuche-pewenche no fue considerada (comienzo de los 1990s), porque eran más valorados los ecosistemas y la biodiversidad que los indios.

Por todo lo anterior, la generalización de Fermandois sobre este tema no tiene piso. Y si hemos de ser serios al tratar estos temas, es recomendable que el profesor asuma identificar claramente los argumentos que discute, poniendo en comillas o parafraseando los mismos, con alusión a la propiedad intelectual sobre dichos argumentos (qué argumentos en concreto discute y qué autores específicamente). De esa manera se evita construir discursos ficticios en los oponentes, y se hace posible un diálogo más fecundo.

SEGUNDO. A través del mismo argumento el profesor insinúa que los mapuche o los indígenas no piensan, y que solo son víctimas manipuladas de las intrigas ideológicas de estos personajes exógenos a su grupo de pertenencia: académicos, ONGs, funcionarios internacionales. Nos señala: “Mas lo que es lo originario ha sido formulado por el mundo académico, por ONGs y funcionarios internacionales…”.

Este argumento cae frente a un hecho reconocido por propios intelectuales chilenos, ya hace más de una década (fines de los 1990s y principios del 2000 -Foerster-Lavanchy). A saber, que en el terreno de las ideas y utopías políticas los mapuche se adelantaron una década y más al mundo de la academia, en cuanto a realizar una relectura de su relación con las elites chilenas en el Estado, y proponer soluciones desde ellos. Así, cuando se estaba produciendo el cambio de gobierno de Pinochet a Aylwin, y este prometía desde el poder una nueva ley indígena al movimiento mapuche, parte de este movimiento había comenzado a hablar de autonomía y a publicar sus opiniones. Ejemplo, Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen entre 1989-1990 y Consejo de Todas las Tierras entre 1991-1992 (en la segunda mitad de los 1990s se agregarían otros).

Un historiador que realmente haga su pega, fácilmente se dará por enterado que los mapuche piensan y proponen por sí mismo. Ver por ejemplo, en literatura política mapuche desde los 1990s al presente, los trabajos de: E. Chihauilaf, Pe. Marimán, Pa. Marimán. J. Millalén, S. Caniuqueo, R. Levil, J. Marimán, F. Pairacán, P. Cayuqueo, W. Painemal, V. Coñuepan, la Comunidad de Historia Mapuche (E. Antileo, H. Nahuelpám, M. Calfio, otros), y del Centro de Estudios Rümtun (C. Millacura, P. Huenchumil, J. Aillapán, O. Solis, C. Huenchullán, S. Huenchuñir) entre otros. Y, por cierto, en materia opiniones de líderes políticos, las ideas promovidas-defendidas por Aucán Huilcamán, Héctor Llaitul, las declaraciones del partido Wallmapuwen, de las identidades territoriales, etc.

Los académicos o intelectuales chilenos con un ojo en lo mapuche, recién a fines de los noventa cayeron en cuenta de lo relevante del cambio en las ideas políticas de los mapuche, comenzando a publicar artículos y libros sobre el fenómeno (R. Foerster, Lavanchy, A. Saavedra, E. Guzmán, otros). Es decir, la acostumbrada manía de atribuir paternidad a otros exógenos a los mapuche, sobre las ideas desarrolladas por los mapuche, cae nuevamente frente a este universo en expansión de profesionales e intelectuales mapuche, promoviendo la descolonización y la autonomía para su grupo de pertenencia. Para evitar hablar de lo que no se sabe, y terminar hablando boberías, hay que leer a los “arcaicos”, no alucinar sus discursos.

TERCERO. Luego de mostrar su apertura al pluralismo cultural aceptando que pueden haber cosas comprensibles en las culturas indígenas, Fermandois nos declara que “otra es proponer una experiencia arcaica como modelo de pervivencia, que sea una especie de utopía retrospectiva, ahora de pasado y no de futuro”. Nuevamente, no identifica quién estaría proponiendo tal cosa. ¿Es que algo así podría ocurrir… considerando que de la historia solo tenemos relatos o novelas escritas por historiadores de común no mapuche? ¿Cómo podría un mapuche reconstruir un pasado político pre-colonizadores, por ejemplo, si todo lo que sabe él/ella viene de relatos exógenos o cuando propios vía la fragilidad de la trasmisión oral?

Refuto este argumento señalando que la mayoría de los autores mapuche mencionados antes, promueven ideas autonomistas o cuando menos solidarias de las demandas políticas mapuche (con matices entre ellos), en las que algunos exacerban retóricamente el pasado libre, mientras otros se plantean desde el presente la construcción de una región Araucanía plurinacional o pluriétnica, multilingüe y multicultural. En cualquiera de los casos sus propuestas no representan una vuelta a modelos arcaicos de convivencia política-societal, sino propuestas de futuro que pretenden resolver la ignominiosa situación de los mapuche dentro de la sociedad estatonacional. Y digo futuro porque la tendencia en el mundo de hoy es a empoderar políticamente a grupos que en el pasado fueron dominados, bajo proyectos de construcción de Estados mono-nacionales y centrados exclusivamente en la cultura y religión del grupo nacional dominante o hegemónico (etnocentrismo).

El Convenio 169 de la OIT/ONU y la Declaración de los Derechos de los Pueblo Indígenas ONU, que de común es una apelación obligada de algunas organizaciones mapuche para fundamentar sus demandas políticas y de otros tipos (Consejo de Todas las Tierras, por ejemplo), consideran el derecho a un tipo de autodeterminación-(interna) de los pueblos indígenas al interior de los Estados. Y eso es perspectiva de futuro. Más cuando hoy en el planeta el 40% de su población, sino más, vive en Estados descentralizados –federales o con autonomías- que empoderan regiones y grupos humanos otrora excluidos de posiciones de poder (Watts, R. L., Comparing federal systems, 2011), otorgándoles la facultad de tomar decisiones a niveles regionales, provinciales o locales y escaños reservados en parlamentos locales y nacionales a sus minorías. Entre ellos, los Estados más progresistas y poderosos del planeta. Por ello, la demanda de autonomía de los pueblos indígenas no es la vuelta atrás, al arcaísmo, por el contrario es una marcha en dirección al futuro.

CUARTO. Relacionado con lo anterior, el profesor argumenta que sería un error pensar que, “esos pueblos puedan con traducción moderna, cuasi-ideológica, de su herencia construir una existencia feliz en el mundo actual, desatendiendo a su evolución a lo largo de la historia”. Nos está diciendo que: “El mundo mapuche vive tanto de la conservación de un ethos en parte propio, como del enraizamiento en la sociedad chilena originado en los siglos coloniales en una frontera porosa y de intercambio intercalados con la Guerra de Arauco, que tras las primeras décadas alternó confrontación con mestizaje y síntesis cultural”.

Lo que Fermandois al parecer no termina de entender, es que la etnicidad –como elemento de movilización política- de los grupos étnicos, no tiene que ver con diferencias más/menos en la cultura y las costumbres. El mapudugun o mapuzugun, por ejemplo, es claramente una lengua diferente del castellano, pero la hablan entre 10 y 25% de la población mapuche. Desde este punto de vista cualquier mapuche es más parecido a un chileno de lo que difieren. De hecho se relacionan en castellano (aunque estén en la región, localidad o comunidad mapuche). Ahora, que 90 o 75% de la población mapuche no hable su lengua, no se debe a una “síntesis cultural”, como frescamente manifiesta el profesor, sino a que el mapuzugun ha sido prohibido-excluido de los sistemas educacionales, y de las relaciones políticas entre grupos de distinta lengua (ese no es el caso del guaraní, por ejemplo, lengua oficial en Paraguay y aceptada en el Mercosur, gracias a la apertura de mente de “otros” no-indígenas). Se ha dicho, y no sin razón, que lo que explica que unas lenguas sean dominantes en los Estados y otras no, es que tienen un ejército atrás que las respaldan y en última instancia las imponen a cuchillo, de acuerdo a las creencias y fanatismos de sus elites.

La etnicidad, se ha repetido incansablemente en tantos textos modernos, tiene que ver con la existencia de diferencias reales o creídas-asumidas reales. Sobre todo cuando se vive en sociedades intolerantes a la diversidad, en las que se construyen unos “otros”, que no se terminan de aceptar tal como son. El mapuche estereotipado en el imaginario de las elites chilenas como indio flojo, borracho, feo, por decir algunas cosas, sigue sin ser aceptado como es (con su lengua, costumbres, religión), sino que aún se lo pretende asimilar a lo que algunos llaman “moderno” y un siglo atrás: “la civilización” (léase intolerancia). De allí que el principal bloqueo a la incorporación de los mapuche en el Estado para lograr la “síntesis” que alucina Fermandois, haya sido y lo sigue siendo, la misma elite chilena. Fuera de esa elite los mapuche se integran con los chilenos en matrimonios mixtos y otras modalidades.

Ahora, cuando los mapuche reaccionan contra el etnocidio en cualquiera de sus formas, rápidamente se ganan el mote de “nacionalistas extremistas”, y más cuando se declaran autonomistas y luchan, por ejemplo, por un espacio para su lengua en la sociedad regional, provincial o local a que pertenecen; mostrando consciencia de que el proceso de perdida de la lengua no es casual ni fortuito, sino promovido y deseado por la elites de la nación dominante o hegemónica en el Estado. La lucha por la autonomía, entre otras cosas, expresa la convicción de que la recuperación de la lengua, no se hará en las condiciones actuales sino en una de control propio sobre la cultura propia, así como de una relación de poder diferente entre grupos étnicos o naciones al interior del Estado, de las que se ha desarrollado hasta hoy. He ahí la etno-política en acción, que tiene logros importantes a nivel mundial, como la exitosa autonomía de los inui y groenlandes de Groenlandia o la menos afortunada de los inuit canadienses de Nunavut.

QUINTO. Otro argumento dirigido al hombre de paja del profesor, es su premisa de que existen sociedades arcaicas y en oposición otras modernas (donde se sitúa él). Y que hay una evolución histórica desde lo arcaico a lo moderno, que consumaría la felicidad. Quienes sostienen demandas autonomistas serían seres arcaicos (los “nacionalistas extremistas”). Pero, ¿existe tal escala evolutiva-societal en ciencias sociales o esta es otra teoría racista de un conservador chileno, nacionalista y asimilacionista?

Por lo pronto, nadie en las ciencias sociales presente parece promover ese tipo de ideas, a no ser que se aferre a autores del siglo XIX o la primera mitad del XX, en que el darwinismo social y el racismo estuvieron en el sustrato de muchas explicaciones de la diferencia etno-cultural o etno-nacional. De hecho Fermandois se vanagloria en su artículo de su herencia intelectual, conectada al profesor e intelectual rumano-americano Eliade Mircea, un supremacista fascistoide y antisemita de tomo y lomo. Pero, parece que no se ha percatado que el tema nacionalismo, conflictos nacionales, etnicidad, conflictos étnicos, etc, tiene un repertorio bibliográfico de narrativas bastante extenso y heterogéneo, especialmente abundante desde fines de los 1960s y en adelante, que no se alimentan necesariamente de las enseñanzas de los íconos intelectuales ce Fermandois.

Pero volviendo al punto, en lo que concierne a los mapuche difícilmente se los puede interpretar como arcaicos, porque desde su contacto con la población exógena de origen europeo, han estado siempre en relación con su “otro”, intercambiando conocimientos y cultura. Con los hispano-europeos se vieron envueltos en una relación de tipo colonial, que dio origen a una situación colonial en que algunos ocuparon un rol subordinado y de población explotada (mapuche al norte del Biobio, por ejemplo); mientras otros se mantuvieron más libres en sus intercambios (mapuche al sur de Biobio). En esta relación la cultura mapuche pre-hispana europea dio paso a la cultura más/menos integrada a la situación colonial de su presente, modificada por la emergencia del Estado chileno y la situación de colonialismo interno a que fueron arrastrados. La primera relación permitió grados de autonomía política a la incorporación mapuche en dicha situación colonial; mientras la chilena fue avasalladora, destruyendo esa autonomía, expoliando la última parte de territorio controlada por los mapuche, colocando a estos en reservas de indios, e instalando población exógena a través de un proceso de colonización de población y explotación, promovido en Chile como en Europa.

Por lo anterior, los mapuche, contrario a lo que cree Fermandois no pueden ser arcaicos, pues han estado en contacto desde 1541 con Europa, su sociedad e ideas a través de sus representantes colonizadores. Y han tomado de ellos lo que les pareció útil y desechado lo que no les pareció bien, de acuerdo a las épocas, a las generaciones de hombres y mujeres que las vivieron, y a sus valores. A eso se llama adoptar préstamos culturales (los hispanos también tomaron prestamos de los mapuches e igual los chilenos). Solo que es diferente apropiarse de aspectos de la cultura del “otro”, cuando se es libre o se manejan grados altos de libertad para filtrar lo que se desea, que cuando no, en cuyo caso no hay síntesis sino etnocidio (imposición). No es difícil entender esto si se piensa en ejemplos recientes, como la dictadura en Chile y la imposición del modelo neo-liberal más la legalidad del régimen (Constitución del 1980), a bayoneta y sangre en el ejemplar Estado moderno que nos vende el profesor-(Dr.) Fermandois. Esa experiencia política moderna fue posible de imponer bajo la egida de un genocidio. Y quienes se han opuesto a ella han recibido parecidos epítetos al de arcaicos, que él usa con los indígenas.

TERMINO. ¿Cómo podrían plantearse los mapuche, entonces, una sociedad arcaica como proyecto político, si han vivido con su “otro” y sus costumbres codo a codo en relación tiempo presente para cada época? Los mapuche e indígenas en general, son tan modernos como su “otro”. Pero a la vez difieren en su modernidad, de la propuesta de Fermandois de asimilación en el Estado y la nación chilena. Discurso o argumento que sigue la misma lógica supremacista-racista, de los artículo de El Mercurio en el siglo XIX, a los cuales el suyo rinde honor, imaginando que no se puede ser feliz si no es bajo la nacionalidad chilena, en castellano, en religión católica, y en sus costumbres políticas y económicas (bastantes a mal traer por estos días que se ventilan los casos de corrupción).

Pero el profesor-(Dr) Fermandois pasa por alto algo muy importante en su argumento. Y esto es que el país-Estado más feliz del mundo no es Chile, sino Dinamarca, como lo señala el reciente estudio “Word Happiness” (http://www.lanacion.com.ar/1880239-cual-es-el-pais-mas-feliz-del-mundo), presentado en Roma a mediados de abril 2016. Curiosamente, Dinamarca posee una región autónoma gobernada por inuit y groenlandeses (Groenlandia), que es un ejemplo señero de futuro para el mundo, de convivencia plurinacional, pluriétnica y multicultural. Entonces, la felicidad que postula Fermandois podrían lograr los mapuche arcaicos volviéndose “chilenos modernos”, no se resuelve realmente con su propuesta, sino volviéndose más parecidos a Dinamarca (al primero en la lista país más feliz), una sociedad con menos brecha en entre ricos y pobres (http://www.losandes.com.ar/article/dinamarca-donde-la-brecha-entre-ricos-y-pobres-casi-no-existe), más democrática, menos racista, más tolerante y sobre todo avanzando a la vanguardia en materia construcción de una sociedad plurinacional, con empoderamiento, derechos políticos y autogobierno de su población indígena.

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