Hey Teresa Marinovic, Mejor «cuéntate una de vaqueros»

«A Marinovic no le interesa basar sus opiniones sobre investigaciones o informes internacionales que dan cuenta de la situación en Chile sobre Derechos de Pueblos Indígenas. Ella se basa en las películas yanquis que vio cuando chica, aquella en donde John Wayne representaba una especie de referente moral de la sociedad blanca norteamericana y sus valores, en donde el auténtico americano no era el nativo»…

FUENTE: El Mostrador

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Sábado, 2 de Mayo de 2020 – No sé cómo llegué a ella, lo cierto es que hace un tiempo escucho sus opiniones. Ha sido una tarea bastante desagradable, porque si bien en un momento pensé que se trataba de un “personaje público cómico”, luego entendí que, lejos de aquello, la licenciada Marinovic se siente en una posición privilegiada dentro del universo, instalando como verdades absolutas opiniones anacrónicas, con vacíos históricos y desbordante apatía moral. Es un tipo de humanismo fingido que recuerda permanentemente la “glorificación de la violencia” (Arendt, 1970). Esa violencia primaria que está relacionada con el lenguaje como tal, con su imposición de cierto universo de sentido.

Ideologías misóginas, sexistas, androcéntricas, racistas están presentes en sus opiniones, con la ligereza de no entender ni saber qué pasa al otro lado de su muralla. Se atribuye una representatividad que no tiene y da generalizaciones que ciertos medios de comunicación dan cabida para promover opiniones ambiguas, imágenes negativas y con argumentos de siglos pasados. Ella confía, porque la respalda todo un sistema de opresión.

La semana pasada dio su opinión respecto de lo sucedido con Gustavo Gatica, estudiante mutilado en el contexto de las manifestaciones en Santiago de Chile iniciadas en octubre del año 2019: “No estaba sacando fotos, lanzaba piedras”, dice Marinovic, y me recordó de inmediato lo dicho en otro video por el asesinato de Camilo Catrillanca, joven mapuche asesinado por Carabineros de Chile, el 14 de noviembre del año 2018: “De ahí a creer que estaba recogiendo cilantros”.

En ambos casos, la licenciada justifica el actuar de Carabineros de Chile. Sin cuestionar el historial de violencia institucional y corrupción de dicha institución.

En el video en que opina sobre Camilo Catrillanca, comienza hablando del rol del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), poniendo énfasis en los recursos destinados a dicha institución, para luego hacer descripciones de la escena del crimen y posiciones respecto de lo que hasta ese momento se tenía conocimiento.

Para Marinovic lo importante no es la muerte de un ser humano ni el posible asesinato de otro, el menor de edad que acompañaba a Camilo Catrillanca: “Si lo que querían era matarlo, por qué de hecho no lo hicieron». A la licenciada le interesa develar en su relato el estilo funesto de la izquierda, ya que, gracias a esta, instituciones como el INDH no hacen bien su trabajo. ¿Carabineros de Chile hace bien su trabajo? Lo anterior me recuerda lo expuesto por James Baldwin, escritor y activista de los años 60 por los Derechos Civiles Afroamericanos, cuando dice sobre la sociedad blanca norteamericana:

“Esta gente se ha engañado a sí misma por tanto tiempo que realmente no cree que soy humano… el problema es la apatía y la ignorancia que son el precio a pagar por la segregación…”.

La vida de Camilo Catrillanca vale menos que la vida de uno de los hijos de Marinovic:

“… Como cualquier persona sensata yo lamento la muerte de Catrillanca, y condeno la destrucción de evidencia, pero de ahí a creer a ojos cerrados la historia de que el comunero mapuche estaba cultivando la tierra, recogiendo cilantros, y carabineros entró a una zona reconocidamente peligrosa a dispararle por capricho…”.

Típica retórica de los monstruos morales. Si lo lamentara de verdad, no justificaría su muerte. En su opinión evidencia racismo al no contextualizar la historia de negación, exclusión y discriminación que el pueblo mapuche ha sufrido por parte del Estado chileno.

Solo como ejemplo, citar lo expuesto por Rodolfo Stavenhagen, Relator Especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU), quien vino a Chile en el año 2003, y da cuenta de la situación que afecta a los pueblos originarios en este país:

“… Los derechos sobre la propiedad de la tierra y la territorialidad constituyen uno de los problemas históricos más graves que afectan a los pueblos indígenas de Chile [ …]”, y que “el programa de compra de tierras para los indígenas […] prevé la titulación privada de predios pero no la restitución de antiguas tierras comunales, se implementa lentamente con recursos insuficientes […], produciendo insatisfacción entre la población indígena. La problemática se complica en lo referente al acceso a los recursos del subsuelo y otros, como son el agua y los productos del mar”.

 
 

A Marinovic no le interesa basar sus opiniones sobre investigaciones o informes internacionales que dan cuenta de la situación en Chile sobre Derechos de Pueblos Indígenas. Ella se basa en las películas yanquis que vio cuando chica, aquella en donde John Wayne representaba una especie de referente moral de la sociedad blanca norteamericana y sus valores, en donde el auténtico americano no era el nativo. Los nativos eran los que estaban impidiendo que los auténticos americanos se establecieran en su propio país [1].

Las acciones increíblemente violentas de los vaqueros contra los indios se excusan, porque van a echar a los indios salvajes, despiadados, sanguinarios, y se impondrá el comportamiento adecuado: el del civilizado. El mismo que justifica todo tipo de esclavitud, guerras, masacres y genocidios.

Es tan burda su visión de la “verdad histórica” de los “indígenas” en Chile contemporáneo, que se atreve a presentarla a través de imágenes de películas hollywoodenses como Apocalypto (2006) y Avatar (2009).

Como en el western estadounidense, es increíble creer que esas imágenes aún influyan en personas como ella, desconociendo por completo complejos procesos históricos, sociales, culturales, políticos y económicos.

Las nociones acerca de llevar la civilización a pueblos primitivos o bárbaros, las ideas inquietamente familiares sobre la necesidad de palizas, la muerte o los castigos colectivos requeridos cuando “ellos” se portaban mal o se rebelaban, porque “ellos” entendían mejor el lenguaje de la fuerza o de la violencia; “ellos” no eran como “nosotros” y por tal razón merecían ser dominados (Said, 1996).

Lo patético de todo, es que la licenciada Marinovic representa parte de la sociedad y cultura chilenas, que piensan tal como ella.

Como si no bastara con su opinión respecto del crimen de Camilo Catrillanca, la licenciada no tiene pudor en aprovechar de reclamar por el dinero destinado a familiares de las víctimas de la última dictadura militar. Sin embargo, no se refiere a la impunidad ni a los pactos de silencio que  hasta el día de hoy existen por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Chile:

Estamos cansados de la arbitrariedad de la izquierda que dependen de si los muertos les convienen o no. Fíjense ustedes las víctimas según esa misma izquierda: 3.025. En esas personas, a estas alturas, en sus familias, el Estado gasta 260 mil millones de pesos al año, sumadas pensiones, becas de educación, salud gratuita, etc.

Desconozco quién le da representatividad para hablar por personas que no piensan igual que ella. Hoy, los propios hijos, hijas y familiares de aquellos genocidas se organizan para denunciar las masacres perpetradas por sus padres.

Mariano Puga, el cura obrero les rinde homenaje:

“Yo hijo, hija de un genocida

Voy a colaborar con la justicia y la verdad

Para que mi hermano víctima

Pueda caminar en paz

La verdad estaba de parte de las víctimas y no de los familiares de ustedes.

Eso es amar”[2].

Evidentemente, la Iglesia de Mariano Puga no es la misma de Marinovic, quien se dice católica.

La misma lógica que utiliza en el caso de Camilo Catrillanca la repite en la experiencia brutal del estudiante Gustavo Gatica:

“No estaba sacando fotos, lanzaba piedras”.

En ambos casos, Marinovic intenta despersonalizarlo como crimen, quitándoles emotividad y deshumanizando a las víctimas. Sus opiniones no tienen justificación moral.

“La violencia no es sino la más flagrante manifestación de poder, el último género de poder es la violencia” (Arendt, 1970).

¿Cómo es posible que en el siglo XXI personajes como Marinovic aparezcan y sean referentes en distintos medios chilenos con tanta opinión vacía y con tanta hostilidad?

A Baldwin le preocupaba la apatía moral de los blancos crueles. Preguntaba: ¿cuál es tu papel y futuro en este país? ¿Cómo harás para reconciliarte con tu situación aquí? ¿Cómo le comunicarás a la gran mayoría de gente que no te escucha, que no piensa, a la mayoría de blancos crueles de este país que estás aquí? ¿Qué está pasando en mi país?

Para Baldwin el problema no era racial. Es un problema de si eres capaz de ver tu vida y hacerte responsable de ella, y luego comenzar a cambiarla.

Si solo hiciéramos el ejercicio de tomar algunas de estas reflexiones.

De preguntarnos y reconocer nuestros puntos de referencias (históricos, sociales, culturales, etc.), pero como él mismo dice:

“No pueden entenderlos ni vivir sin ellos, pero sobre todo no pueden imaginar el precio que tuvieron que pagar sus víctimas o súbditos para tener este estilo de vida, y por ende no alcanzan a entender por qué sus víctimas se están rebelando”.

Por eso, licenciada Marinovic, cuéntate una de vaqueros mejor. No vaya a suceder que John Wayne venga por ti también.

NOTAS

[1] Reel Injun. Neil Diamond. 2009.

[2] Historias Desobedientes Chile