domingo, febrero 25, 2024

Jakelin Curaqueo, presidenta del Centro de Estudios e Investigaciones Mapuche: “Izkia, en este momento, representa al Estado represor, y eso no lo puede cambiar de la noche a la mañana”

Por Javier Middleton – Fuente: theclinic.cl

El truncado viaje de Izkia Siches a Temucuicui dejó en evidencia que no será fácil para el nuevo gobierno solucionar los temas pendientes que refieren a la cuestión mapuche. Para analizar este episodio, y lo que sigue hacia adelante, The Clinic conversó con Jakelin Curaqueo, presidenta del Centro de Estudios e Investigaciones Mapuche.

El primer martes con el gobierno del presidente Gabriel Boric instalado en el poder no fue fácil. Al menos en su aterrizaje en la Región de la Araucanía.

En el ánimo de iniciar los diálogos en ese territorio complejo, la ministra del Interior, Izkia Siches, se movilizó hasta allá para sostener una reunión en Temucuicui, comuna de Ercilla. Pero no logró su cometido: en el camino hacia la comunidad mapuche, su caravana fue sorprendida por una seguidilla de disparos al aire, y por un camino cortado con troncos de árboles, según consignó La Tercera. La escolta de carabineros de Siches decidió suspender la visita, evacuando a la secretaria de Estado a Ercilla.

Ya en la municipalidad de Ercilla, Siches logró igual reunirse con Marcelo Catrillanca, padre del comunero mapuche Camilo Catrillanca, asesinado por un agente de la policía durante un operativo en 2018. Esta cita era parte del plan original.

Conversamos con Marcelo Catrillanca, padre de Camilo, en una reunión importante dentro de la jornada en la que buscamos establecer diálogo con víctimas, territorios y autoridades. Con más convicción que nunca reafirmamos nuestro camino. La violencia no nos detendrá”, tuiteó Siches luego de la junta.

Siempre hemos sabido que este trabajo no iba a ser fácil”, advirtió Siches, poco después. “El gobierno no va a retroceder en su plan (…) Lo que ocurre acá es violencia, pero también falta de Estado”. Catrillanca, por su parte, dijo que “lo que haya pasado en el camino, lo debemos resolver dentro de la comunidad”, agregando desconocer quiénes estuvieron detrás de la balacera. Aunque aseguró creer que “hay buena intención del gobierno”, deslizó una crítica: calificó la visita de Siches como “muy improvisada”.

Esta tesis, que apunta a la “improvisación”, fue respaldada por distintas voces. Rosa Catrileo, constituyente mapuche, dijo que “el protocolo mapuche no es llegar e ir a una casa. Uno tiene que conversar, planificar la visita. Anunciar su visita con tiempo. No es de un día para otro”. En tanto, la diputada del PC, Karol Cariola, consideró que “hay que tomar medidas de precaución, no hay que pecar de confiados. Hay situaciones que no se previeron”.

En el ingreso de Temucuicui, después de la accidentada visita, apareció un lienzo aludiendo a la ministra Siches, con el mensaje “mientras existan presos políticos mapuche no habrá diálogo”.

Lo ocurrido el martes hizo reflotar preguntas respecto de la complejidad de este largo conflicto. En busca de respuestas, The Clinic se contactó con Jakelin Curaqueo, presidenta del Centro de Estudios e Investigaciones Mapuche, organización que en sus filas cuenta con la constituyente mapuche Rosa Catrileo.

El organismo, ubicado en Temuco, tiene entre sus objetivos “consolidar un espacio de formación, investigación y pensamiento crítico que situando como ejes estratégicos el quehacer autónomo y la colaboración política-intelectual, contribuya en el Wallmapu a un proceso de autodeterminación y descolonización”, y ha publicado artículos académicos sobre el tema.

Jakelin Curaqueo, su presidenta, es profesora y oriunda de la comunidad mapuche Francisco Ñancupil. Quienes la conocen, señalan que es una voz transversal que toma como base las propias comunidades y una visión propositiva sobre la Convención Constitucional. Es considerada y escuchada en un arco amplio del mundo mapuche, desde los sectores más críticos a los más cercanos a lo institucional. Esta fue su conversación con The Clinic:

-¿Cómo podemos leer los sucesos de este martes en La Araucanía?

-Lo que se ve ahí es que hay un proceso de desconfianza constante del pueblo-nación mapuche. Creo que hay un poco de arrogancia en el gobierno de querer entrar a un territorio que carga siglos de opresión y despojos. El Estado chileno, independiente del gobierno de turno, ha reprimido constantemente, entonces no es posible que una ministra de esa envergadura llegue con esa improvisación, y con ese nivel de desconocimiento del territorio.

No sé quién está asesorando, pero hay un nivel de protocolos, de rutinas, de lógicas de representación… Si bien Marcelo (Catrillanca) es una persona que carga un simbolismo, hay otras formas de organización internas en el territorio. Eso creo que se tiene que prever. Sobre todo, por las características que tiene el territorio de Temucuicui, que siempre ha tenido una militarización (…).

-¿Era previsible que pasara algo así?

-Efectivamente, yo creo que era previsible por los tipos de lucha y resistencia que están llevando en la comunidad de Temucuicui. Ellos siempre lo han dicho: no hay una confianza con el Estado chileno por la represión y el constante asedio policial que tienen. Y claro, cada comunidad tampoco tiene un líder político clave. Eso hay que buscarlo, y es un proceso largo. Izkia ha dado algunos elementos o simbolismos que son cercanos a lo que hemos planteado como movimiento político y social mapuche, como por ejemplo utilizar el concepto de Wallmapu. Tenemos que reconocer que es una ministra que es representante del pueblo chileno, que viene al estado-nación mapuche y sobre todo a Temucuicui, que se reconoce como un territorio autónomo.

Esto es lo que tiene que reconocer entonces. Ahí hay protocolos, tiene que haber seguimiento, y constante. No es llegar y meterse.

-¿Qué falló? Marcelo Catrillanca dijo que la visita de Siches fue “muy improvisada”, y Karol Cariola fue en la misma línea, señalando “que hubo situaciones que no se previeron” …

-Podríamos leer que aquí hay una especie de arrogancia, o falta de criterio del Estado en este caso, porque existen protocolos mínimos, y tiene que haber un conocimiento mínimo. No sé cómo se está asesorando Izkia, pero los territorios tienen su particularidad, y sobre todo un territorio que está en constante represión (…). Ella se va a presentar con Carabineros de Chile, que precisa y actualmente están en las comunidades reprimiendo. No puede hacer una visita tan improvisada, tan poco preparada, y con desconocimiento.

En términos de simbolismos, ella dice que quiere conversar, pero el conversar no es ir a buscar a una persona simbólica. En el pueblo mapuche tenemos diferentes miradas, diferentes tipos de territorios, y ése (Temucuicui) es muy complejo. No se puede llegar así a un territorio de esas características.

-¿Es ingenuo o demasiado arrojado de parte del gobierno querer ir a Temucuicui como si fuese una visita cotidiana cualquiera?

-¡Claro! Por eso te digo que hay una lectura desde la arrogancia, con ingenuidad absoluta. Me imagino que Izkia se está asesorando, pero esa asesoría debiese ser mucho más profunda, con calma. Si bien Marcelo (Catrillanca) es un actor político importante, no es un actor político “único” dentro de Temucuicui. Hay muchos más actores que a lo mejor quieren conversar. Nosotros leemos ciertos simbolismos, que son importantes… Pero el tema del diálogo constante, el tema de la paz es casi para nosotros una retórica. El diálogo que nos han planteado uno tras otro gobierno. Y aquí la gente lo ha dicho muchas veces: nosotros queremos la autonomía, la autodeterminación, la devolución de las tierras.

Curaqueo señala que una de las bases para instalar el diálogo es “empezar a hablar de los presos políticos mapuche. No podemos estar en un Estado, o Izkia venir acá, siendo que tenemos a personas en huelga de hambre, otras en clandestinidad, y presos políticos mapuche (…). Hay un protocolo, hay que ver con qué personas se tiene que conversar. Tenemos siglos de represión y violencia estatal, entonces no podemos llegar y decir que ‘mañana voy a ir a conversar con los presos’, y salgo en la prensa, y mucha parafernalia. Es como que a tu familia, que todos los días la están violentando, de repente la persona que la violenta, porque Izkia representa a un Estado opresor, se presente a conversar”.

-Entonces, el Estado sigue siendo el “adversario”, independiente del cambio de color político.

-Claro. El color político no indica que el Estado chileno no nos ha suprimido o despojado de nuestras tierras. Nos ha violentado constantemente. Están las empresas trasnacionales (en nuestro territorio), las empresas extractivistas, las mineras que se quieren instalar acá. Hay muchos movimientos y organizaciones políticas y medioambientales que también se están sumando al pueblo mapuche, que están luchando por los ríos, las cascadas… Entonces no puede venir alguien a decir: “Sabes, después de tanta violencia, llego con mi palabra de paz y diálogo, y me tienen que atender. Ábranme las puertas”.

-Se encontró un mensaje a las afueras de Temucuicui, que dice que mientras haya presos políticos mapuches no habrá diálogo. También dice no a los latifundios, las forestales y la militarización. Lo firma “Resistencia mapuche”. ¿Siguen siendo esos los temas de la discordia?

-Yo los pondría como elementos básicos para tener una conversación. Hay comunidades que quieren dialogar, pero éstas son las demandas que tienen décadas de antigüedad (…). En todos los procesos de liberación nacional, en otros países también, el Estado tiene que hablar sobre los presos políticos (…). Son elementos esenciales. Izkia, en este momento, representa al Estado represor, y eso no lo puede cambiar de la noche a la mañana.

-¿Cree que el fin del Estado de Excepción en la macrozona sur calme un poco las aguas?

-El Estado de Excepción ha sido un hecho más. La militarización que sufre el Wallmapu viene desde 1997 con el asesinato de Alex Lemun, que fue el comienzo de asesinatos de jóvenes mapuche. Esta situación va a cambiar cuando el Estado vea el problema del Wallmapu no como un problema de orden público, sino como una situación política. El Estado de Excepción es uno de los pequeños pasos de acercamiento hacia algunas comunidades, pequeñas garantías. Aquí lo que tiene que pasar es la desmilitarización del Wallmapu, y eso implica un trabajo más profundo y en años se puede quizás recobrar ciertas confianzas.

-¿Cómo marcará el suceso de este martes la relación del gobierno con el pueblo mapuche?

-Es el Estado que ha invadido, expropiado, exfoliado, intervenido nuestro territorio. Son ellos quienes cedieron nuestras tierras a las forestales, a los latifundistas, y a las empresas extractivitas que actúan en el Wallmapu. Es el Estado quien tiene secuestrados a los presos políticos mapuche y militarizadas nuestras comunidades. El diagnóstico está claro hace mucho tiempo. Siglos de violencia colonialista sistemática no terminarán en unos días de intentos de diálogo. Se reconoce en cierta medida que éste es un gobierno que ganó, y la ultraderecha perdió. Y su triunfo fue en base a las movilizaciones sociales del pueblo chileno, y que su base tiene también adhesión a lucha de resistencia. Entonces, tiene consideración, pero hay que seguir perseverando en lo pragmático, no sólo en simbolismos.

-¿Cómo así?

-Debe existir una nueva forma de relación más sistemática, con una agenda clara, con los temas sustanciales como es, en el territorio, la expulsión de las forestales, la devolución de tierras y el reparo al daño ecológico causado al Wallmapu, con actores reales del mundo mapuche. Sin operadores políticos de partidos winka y, obvio, la libertad de los presos políticos mapuche como garantía.

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