lunes, septiembre 21, 2020

Editorial Mapuexpress: Extractivismo, la cara oculta de la destrucción ambiental y social

Hace un tiempo presentamos en Temuco nuestro libro “Resistencias Mapuche al Extractivismo” junto a la Editorial Quimantu. En él buscamos relevar un concepto emblemático:  el extractivismo, el cual,  permite englobar diversas actividades de “inversión”, sus impactos y resistencias, no solo en el Wallmapu sino en toda América Latina.

El extractivismo como modelo económico vulnera los derechos humanos al atentar contra la naturaleza y nuestras fuentes de vida y cultura. Dentro de estas actividades identificamos, entre otras, a la industria “minera”, “salmonera”, “forestal”, “petrolera”, que han dejado a los territorios a merced de los capitales extranjeros y grandes capitales nacionales, saqueando lo que ellos llaman “recursos naturales y humanos” y dejando un rastro de pobreza que cada día se hace más palpable.

Los impactos de estas actividades pueden ser irreversibles, ya sea por la sequía que han dejado las forestales en comunas como Los Sauces, Tirúa, Ercilla o Lumaco; ya sea por los daños a la salud que ha dejado la minería en lugares como Tierra Amarilla o las petroleras en zonas como Neuquén; o también los impactos en las formas de vida y producción de las personas de Chiloé por parte de las salmoneras.

La cara más dura de este modelo la hemos podido ver este verano con los megaincendios ocurridos en la zona centro. Más allá del debate sobre el origen y la propagación de estos, es indudable que existe un modelo forestal insustentable que ha demostrado, año tras año, ser incapaz de contenerlos. Esto se debe, entre otros, a la nula política de ordenamiento territorial en torno a las plantaciones, la debilidad de la ley de bosque nativo y las carencias del sistema en general que no está preparado para la contención de estos siniestros en el marco de una de las peores consecuencias del extractivismo: el cambio climático.

Esto explica las continuas luchas reivindicativas Mapuche por proteger su territorio ancestral y se suma a las luchas en la zona sur, centro y en el norte de Chile por proteger las aguas y los territorios. En ese sentido, estamos todos y todas enfrentadas a diferentes enemigos, pero como una constante en cada escenario:  un Estado que no solo permite sino que sustenta el modelo extractivo con su permisiva legalidad.

Si bien podemos entender como actividades extractivas a la minería o la industria forestal del fines del siglo XIX, consideramos que el actual ciclo extractivista se sustenta con el programa de gobierno de “Ajuste Estructural” de la Dictadura Militar, que apuntaba hacia conformar una economía exportadora, estableciéndose garantías y reformas legislativas favorables a la inversión extranjera. Buscando replicar el modelo minero del norte, los “Chicago Boys” promovieron una serie de políticas para establecer también en el sur un modelo símil -el forestal- que a su vez, resolviera el problema de la tenencia del campo, funcionando con la protección y protección entusiasta de la Concertación, volviéndose la fuente de los principales conflictos sociales durante el Siglo XX.

Dentro de estas medidas podemos mencionar el Decreto Ley 600 de 1974 que no aplica ninguna condición que pueda limitar las ganancias de las empresas extranjeras; el Decreto Ley 701 aprobado el 1974 que otorga un subsidios de 74% a la industria forestal;  el Código de Aguas de 1981, que permite  el uso, goce y disposición de quien tenga derechos de aprovechamiento y el Código Minero; lineamientos legales que formaron las bases para el inicio de estas actividades.

Treinta años después del inicio de la aplicación de ese modelo, podemos concluir que se  retornó a las lógicas opresivas de antaño, porque el extractivismo aumenta la pobreza, la dependencia, la destrucción de los bienes comunes de tipo natural, que replican la eterna paradoja de la pobreza y la desigualdad en medio de la riqueza natural.  Irónicamente, en los balances empresariales y políticos, estos impactos nunca aparecieron: fue un negocio redondo.

Por esto,  autores como Alberto Acosta de Ecuador, han hablado de la “maldición de la abundancia”, y en Perú, Jurgen Schuldt ha catalogado que “somos pobres porque somos ricos en recursos naturales”, dejando entrever la relación entre extractivismo y desigualdad social. La historia latinoamericana nos golpeó a la cara, al ver como se tradujo riqueza natural en pobreza económica.

Frente a los años que han pasado desde que se crearan los códigos legales que orientaron el curso de la economía en Chile, ¿Por qué aun no logramos cambiar nuestra historia? Parece que nos hemos focalizado, dejando de lado las grandes luchas e ideales que incitaban a derrumbar y cambiar esta realidad. Porque hoy, suenan las consignas de forestal, agua, minería, agroindustrias y petroleras, pero suenan como luchas aparte, distantes.

Debemos mirar globalmente los impactos económicos, sociales y ambientales del extractivismo en la vida cotidiana de las comunidades. Es por esto que los conflictos socioambientales se constituyen como una lucha por la vida, desde la protesta, el trafkintu, el resguardo de la comunidad, formas de resistencia a un modelo de explotación que nos priva de la naturaleza y con ello, de nuestra fuerza vital. Así han nacido y se han desarrollado propuestas alternativas como la soberanía alimentaria, poniendo en el centro de la discusión la sustentabilidad de la naturaleza pero también la de los pueblos, que tienen derecho a decidir su futuro.

Se torna urgente y necesario que tomemos una posición frente a este continuo saqueo extractivista desde sus distintas caras “forestal”, “salmonero”, “petrolero”, “minero”, y diversas megaindustrias, hacer frente a la permisividad de las leyes que sustentan este modelo económico que atenta contra nuestra vida y nuestra supremacía sobre el territorio. En paralelo debemos construir un modelo alternativo de vida, en el cual el trabajo deje de ser una mercancía y la economía esté al servicio de la satisfacción de las necesidades humanas y animales. Esa es la tarea que están dando diversas organizaciones y comunidades en todo el Wallmapu y el continente. Esa es también nuestra tarea como medio.

Colectivo Editorial Mapuexpress

 

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